lunes, 5 de julio de 2010

Je m'apelle Jean Pierre

Adiós pan de hogaza, bonjour baguette.
Adiós pajarita, bonjour foulard.
Adiós himno sin letra, bonjour marseillasse.
Adiós Resines, bonjour Depardieu.
Adiós kelme, bonjour lacoste.
Adiós Carmen Machi, bonjour Charlene Suric.
Adiós orujo, bonjour pastís.
Adiós Ducados, bonjour Gauloises.
Adiós agosto en Benidorm, bonjour mai 68.
Adiós cabrales, bonjour camembert.
Adiós boina, bonjour beret.
Adiós Perales, bonjour Gainsbourg.

Y sobre todo:
Adiós la roja, bonjour bosques de Ardeche donde no se oye nada del mundial.

jueves, 1 de julio de 2010

LO QUE SUCEDIÓ EN EL TREN

Antes de que sucediera lo del tren, había dos cosas en la vida que Friskies González odiaba. Por una parte estaban los perros de todas las razas, tamaños y colores, y por la otra, el verano.
Lejos de lo que un lector perspicaz pueda haber ya barruntado, el hecho de que Friskies González tuviera nombre de comida para perros, no guardaba relación directa con su odio hacia los canes. Si bien no podría decirse que Friskies González llevara su nombre con orgullo o con alegría, (y ni tan siquiera con resignación), Friskies González se consideraba ante todo un hombre justo. Y su justicia le indicaba que los únicos responsables del lastre que le suponía su penoso nombre, eran, por una parte su madre, y por la otra, el hijo de perra del funcionario que accedió a registrarle.

Pero dejemos a un lado el origen del nombre de Friskies González. Llegaremos a él, no se impacienten. Por el momento vamos a centrarnos en el tema que nos ocupa, que no es otro que lo que ocurrió aquel día en el tren, que hizo que Friskies González dejara de odiar a los perros de todas las razas, tamaños y colores.
Para poder entender bien por qué dejó de odiarlos, es incuestionable, y estarán todos de acuerdo conmigo, (tanto los lectores más perspicaces como aquellos más bien limitados), que es fundamental esclarecer el motivo por el que los odiaba.

Bien, allá va: Friskies González odiaba a los perros, y atiendan bien a esto, porque en verano, cuando el calor apretaba y Friskies González sentía (como cualquier hijo de vecino) la necesidad de liberar sus pies de la prisión de los calcetines y de los incómodos zapatos invernales, sus impulsos se veían refrenados por la habitual y abundante presencia canina en las vías públicas.
La primera pregunta que se hará el lector, es por qué y de qué modo unos inocentes perros podrían impedir que Friskies González utilizara unas veraniegas y fresquitas sandalias, o incluso unas chanclas, en sus habituales paseos vespertinos. He aquí la respuesta: todos los perros, sin excluir uno, al ver, o para ser más exactos, al olfatear los pies semidesnudos de Friskies González, se lanzaban en manada a chupárselos, dejándoselos la mayoría de las veces en un deplorable estado, cuando no en carne viva.
¿Y por qué venían los perros de todas las razas, tamaños y colores a chuparle los pies a Friskies González? Para que esta cuestión quede también perfectamente aclarada y pueda por ende comprenderse lo que sucedió aquel día en el tren, vamos a tener que retomar el tema del origen del nombre de Friskies González (y perdonen que me extienda, pero me parece pertinente y necesario).

Comenzaremos por explicar que la madre de Friskies González era estéril de nacimiento, y que tenía además una tienda de comida para perros a las afueras de la ciudad. Quédense con estos dos datos, en principio sin relación directa, porque son la clave para comprenderlo todo.

Un día, estaba la madre de Friskies González en el almacén de su tienda organizando las latas de comida en función de sus ingredientes, cuando un desafortunado golpe de viento hizo que la puerta del almacén se cerrara dejándola atrapada por dentro.
Dado que era temprano y aun no había abierto el establecimiento al público, y dado que la madre de Friskies González era una persona solitaria, sin familiares, ni amigos, ni apenas conocidos que la echaran de menos, nadie se molestó en buscarla.

La madre de Friskies González sobrevivió durante 47 días con sus respectivas noches en el almacén de su tienda alimentándose a base de comida para perros de la marca Friskies.
Podría ser éste, qué duda cabe, un motivo más que suficiente como para ponerle a su hijo el nombre de la susodicha marca. Existe sin embargo un motivo de aun más peso. Porque, ¿cómo es posible que Friskies González fuera concebido por parte de su madre, siendo ésta, tal y como ya se ha dicho que era, estéril de nacimiento? Tiene relación directa con la reclusión y con el rescate y sobretodo con la marca de comida para perros Friskies.

La cosa es que la madre de Friskies González se cansó de gritar auxilio sin obtener respuesta aproximadamente el día 28 de su cautiverio. Para el día 34 ya había perdido la razón, la noción del tiempo y el poco entendimiento que tenía (no se había mencionado antes por ser irrelevante, pero la madre de Friskie González no era una persona especialmente lúcida).
Así los hechos, la madre de Friskies González hubiera muerto por inanición tan pronto se le hubiera acabado el suministro de carne enlatada, pienso y suero canino, de no haber sido por la brillante intervención en el devenir de la historia del señor Camorro González.
Camorro González era un indigente que vivía frente a la tienda de comida para perros de la madre de Friskies González. Dado que la noche del día 47 del encierro hacía un frío de perros, (valga la redundancia canina) Camorro González decidió guarecerse en algún sitio, y la tienda de la madre de Friskies González, aparentemente abandonada, le pareció el lugar apropiado.

Así pues, Camorro rebuscó en su carrito hasta encontrar un serrucho con el que se dirigió a la tienda para serrar con él la persiana metálica. Después de trabajar con ahínco durante más de tres horas, Camorro González no había conseguido ni siquiera arañarla. Hay que decir que la idea de Camorro González de serrar una persiana metálica con un serrucho era un poco gilipollas, y que cualquiera con un par de dedos de frente lo hubiera entendido mucho antes, pero es que Camorro González, para qué engañarnos, tampoco era precisamente lúcido.
El caso es que Camorro, cabreado tras su infructuoso esfuerzo dio rienda suelta a su naturaleza violenta y le propinó una patada a la persiana, que subió del impacto sin ningún tipo de problema, poniendo de manifiesto que siempre había estado abierta, bajada, pero abierta.

Camorro González entró en la tienda, abrió la caja registradora y se guardó en los bolsillos dos billetes de mil pesetas, uno de dos mil, y todas las monedas que encontró. Acto seguido inspeccionó con detalle el local hasta que se encontró con la puerta del almacén. Al abrirla, la imagen de la madre de Friskies González tumbada en el suelo, sudada, desnuda, rodeada de latas de comida, de sacos de pienso y excrementos, le sorprendió y excitó a partes iguales.
Por su parte, la madre de Friskie González, que como ya se ha dicho antes, había perdido el día 34 de su reclusión sus pocas entendederas, en su delirio interpretó que Camorro González era un enorme pastor Alemán que venía a rescatarla, y se dejó lamer (y otras cosas que el buen gusto y el decoro nos impide detallar) por Camorro González.

Cuando se descubrió que la madre de Friskies González había quedado en cinta tras ese encuentro, los médicos, maravillados por el prodigio del embarazo de una mujer estéril de nacimiento, determinaron que la alimentación a base de comida para perros Friskies, por su alto contenido en hormonas, había jugado un papel fundamental en la consecución del milagro. A raíz del suceso, unos conocidos laboratorios farmacéuticos se interesaron en el tema, y se abrió una línea de investigación cuyos resultados conocen ustedes ya de sobras, y no veo por tanto la necesidad de que los expliquemos aquí.

El caso es que la madre de Friskies, quién sabe si porque estaba aun un poco perturbada por su encierro, o porque había adquirido la costumbre, o porque realmente le parecía sabrosa, decidió continuar con su dieta a base de comida para perros Friskies durante todo su embarazo.
A los nueve meses nació por fin Friskies González, un niño sano y alegre, y con la particularidad de que el sudor de sus pies (que por cierto era muy abundante) le olía a comida para perros Friskies. “Mutación glandular” explicaron los médicos.

Como supondrán, el hecho de que todos los perros se abalanzaran en manada sobre los pies de Friskies González cuando éste los exponía al aire libre en verano, era algo desagradable, molesto y doloroso, y es por tanto de justicia admitir que Friskies González estaba en su pleno derecho a sentir cierta animadversión hacia los canes. Asimismo, hay que admitir también como un hecho totalmente natural, que esa animadversión, mantenida y prologada en el tiempo se transformó en odio, que es lo que efectivamente Friskies González sentía, antes de que sucediera lo que sucedió en el tren.

Y ahora sí, puestos ya en antecedentes, vamos por fin a relatar qué fue lo que sucedió en el tren, aunque es muy probable que los más avispados ya lo intuyan.
Efectivamente, a Friskies Gonzalez lo asaltaron en un tren de cercanías, a la altura de Bellvitge, una noche en que volvía a su casa después de echarse unos bailes en El Imperator con una mujer a la que el aliento le olía (y mucho) a boquerones en vinagre.

—Dame la cartera, el medallón de oro que llevas puesto y las bambas —le dijo el atracador, un hombre de unas uñas muy largas, que empuñaba una navajilla.
Friskies González miró a su alrededor atentamente, y vio que la única persona que podía ayudarle dormía ajeno a todo el asunto al fondo del vagón y estaba además acompañado por un perro.
—Te doy la cartera, pero no me pidas ni el medallón ni las bambas —intentó negociar con humildad Friskies González.
—Venga coño, que estoy muy loco, he dicho que el medallón, la cartera y las bambas.

Grandes lágrimas rodaron entonces por las gruesas y crujientes mejillas de Friskies González. El medallón, que por cierto no era de oro, era el único recuerdo que le quedaba a Friskies de su padre Camorro González, tristemente fallecido en una reyerta callejera. Sabía además, que al quitarse las bambas, el perro del fondo le atormentaría hasta el final del trayecto chupándole los pies hasta dejárselos en carne viva. Y nada le garantizaba que ese atracador, con lo loco que decía que estaba, después de darle lo que le pedía, pensara dejarle con vida.
Sin embargo, Friskies González obedeció sin rechistar. Le dio la cartera, le entregó el medallón no sin antes besarlo varias veces, y acto seguido se descalzó.

Ese fue el preciso instante que cambió el rumbo de la vida de Friskies González. La perra del fondo, Kuky, al olerle los pies a Friskies, se lanzó a la desesperada para chupárselos, arrasando con todo lo que se le puso por delante, es decir, al atracador de las uñas largas y la navajita, que cayó al suelo golpeándose en la nuca y falleciendo instantáneamente.

Así fue como Friskies González entendió que el olor de sus pies no era un lastre sino un don divino que prácticamente le había salvado la vida. Ese olor, más que un olor era un arma, que a partir de aquel momento pensaba utilizar cada vez que fuera necesario para impartir justicia por el mundo. Acababa de nacer el mítico super héroe del que tanto han oído hablar. Después de ponerse de nuevo las bambas, Friskies González le pegó una pequeña patada con la punta del pie al atracador para comprobar que realmente estaba muerto, besó el medallón y se bajó en la próxima parada.

lunes, 28 de junio de 2010

Estás como un tren

Los trenes son artefactos perfectos de la metáfora. El viaje, el cambio, trasunto de la vida. Y además, a diferencia del coche, que es otro instrumento muy manido en Metáforalandia, tanto que incluso ha dado origen al término road-movie, no conducimos nosotros, sino un tercero, a quién no vemos la cara. Incluso hay trenes manejados remotamente. Esta circunstancia es la clave de vuelta, porque permite trazar el paralelismo preciso con la vida como mejunje de casualidades y azares, potaje en el que nosotros somos las alubias, o el chorizo, pero no el cocinero ni siquiera el cucharón. El tren también es un recordatorio de tiempos pretéritos, porque es una manera de viajar a la antigua, que no rompe el contínuo espacio, no hay un salto y un vacío como en el avión, que es claramente el medio de transporte del futuro, no tan diferente al teletransporte que mostraba Star Trek.
Por cierto, antes de seguir, y perdonen la demora, me permito, ya que el tema va de trenes, recomendarles Una novela rusa, de Emmanuel Carrére. Ahí encontrarán, a tres cuartos de libro, un relato dentro de una novela que es quizás uno de los ejemplos más fabulosos de relato dentro de la realidad o realidad dentro del relato. Algo así me hubiera gustado presentar a concurso en esta web, pero uno no da para más. En fin, recomendación hecha.
Volviendo al objetivo propiamente dicho, el relato ferroviario, todo comenzó el día que a Brunet le regalaron un tren eléctrico. No sólo el tren, claro. Las estaciones, los puentes. Una caja de pinturas y maquetas de un paisaje alpino idílico. Brunet tenía en esa época quince años, y aunque uno piensa que a esa edad lo suyo hubiese sido hacerse pajas como un desesperado y ocultar revistas guarras debajo del colchón, no era ésa su ocupación principal. No, él leía, y jugaba al Scalextric, y se quedaba en casa, y veía los episodios de Campeones, y soñaba con ser Mark Landers, o uno de los dos gemelos que se subían uno encima del otro para impulsarse y marcar goles inverosímiles incluso para un mundo en el que los campos de fútbol tenían curvatura. Brunet recibió su regalo con mucha ilusión, y pasó meses montando el tren. Una vez acabado, sus padres apreciaron una curvatura extraña, muy sutil, en la madera enorme que servía de base al montaje del tren. Apreciaron también los lagos alpinos con agua de verdad, las cabritas montesas, unos esquiadores en la cima de una montaña, telearrastres, carreteras, coches con rubias y pañuelos recogiendo sus melenas, diminutas Grace Kellys disfrutando de unas merecidísimas vacaciones invernales, jefes de estación con bigotes, guardas forestales con cabañas a las puertas, ardillitas devorando bellotitas diminutas. Un sol cegador colgaba del techo. Nubes de algodón formaban un manto celeste que auguraba precipitaciones al día siguiente, fenómeno atmosférico preparado mediante un mecanismo construído con una regadera, un cubo, un reloj, dos cuerdas y tres poleas.
Los padres de Brunet se miraron sorprendidos, extrañados y preocupados. Ese día, al irse a dormir, Brunet se encontró encima de la cama una revista guarra.

miércoles, 16 de junio de 2010

Ocurrió en un tren

Amalia y Pedro se veían cada mañana en el trayecto Vic-Ripoll, se saludaban cortesmente y entablaron una pseudo amistad. Ocurrió en un tren.

María dio a luz a su segundo hijo, Luis. Estaba en la semana 36 de gestación, el traqueteo constante favoreció el encaje del bebé. Ocurrió en un tren.

Juan perdió la vida, y Carlos, y Merche y Estrella y Marcos y ....Fue un 11 de marzo en Madrid. Ocurrió en un tren.

A Marc le robaron la cartera y el móvil al quedarse dormido volviendo de fiesta. Ocurrió en un tren.

Cris y Abel tuvieron un tórrido momento en el lavabo donde dieron rienda suelta a sus hormonas. Ocurrió en un tren.

Maxwell tocó su harmónica diez años después para llevarse algo a la boca. Ocurrió en un tren.

Joan se desmayó y se abrió la cabeza por culpa del calor. Ocurrió en un tren.

Y yo, aquí en el andén de la estación esperando al susodicho....y aquó no ocurre nada.

jueves, 6 de mayo de 2010

Entrega de premios

Instigada por un blogamigo que prefiere mantenerse en el anonimato, y desde la prudencia que da el haber propuesto ya algo en el pasado con un resultado negativo (léase relato entre todos), me atrevo a proponeros una cena para la entrega oficial de premios de los concursos que ya se han fallado (hum, suena importante y todo, jajaja).
El lugar propuesto es La Moscarola, y ahora viene lo difícil, la fecha. Como me consta que todos tenemos una agenda muy apretada, y como no sé qué preferís, si viernes o sábado, yo sugiero tres posibles fines de semana, y así tanteamos el terreno.


22-23 mayo
29-30 mayo
4-5 junio.

Yo prefiero que sea un viernes.Ya diréis qué os parece esta vez mi sugerencia.

lunes, 3 de mayo de 2010

volvemos

buenas. Visto que parece más fácil si hay una temática o título cerrado, propongo el siguiente tema:

"historias de un viaje"

fecha límite: 25 de mayo.

Anda, a ver si vuelve la hegemonía de los Monforte (;) jajaja, es broma!!

lunes, 26 de abril de 2010

Jou,jou,jou

Lo siento, pero en esta edición me he colado...no he podido escribir.
Además creo que lo liamos demasiado y la mayoría no entendió (fallo mío) el mecanismo...

Así pues propongo un nuevo concurso...

Temática libre, todo libre.

Fecha límite: 20 de mayo.

P.d.- qué os parece?

martes, 20 de abril de 2010

Una historia

Entonces oyó un ruido en el pasillo. Pensó que sería él, que aún no se habría ido. Pero no.

De repente irrumpió en la cocina aquel individuo mostrenco. Su cuerpo de cetáceo en la puerta, hizo que de repente la estancia pareciera minúscula. De la chaqueta sacó una pistola y se acercó el cañón a los labios haciendo un gesto para que no gritara.

Señaló la silla invitándola a sentarse. La estaba apuntando. Sintíó un retortijón de angustia.

Le dio una pluma y un papel arrugado y le dijo al oído: “escribirás una historia y en ella tendrás que utilizar estas tres palabras:…”

martes, 6 de abril de 2010

Cachicalegudo

Sólo cuando él se fue, cayó en la cuenta. Dejó el cigarro a medias y corrió a mirar el calendario magnético que escalaba la nevera. Era 15 de febrero, San Valentín. Ella, que siempre había despreciado esa fecha, ella que siempre se rió del sentimentalismo cursi, ya lo estaba echando de menos. A su pollón también, de acuerdo, y a sus nalgas duras y a su pecho liso y depilado, pero a él, a él, a sus ojos y su sonrisa y su olor a café Arpegio de cápsula azul, o ¿ese era el Volluto?. Un dolor agudo recorrió su muslo derecho, ahí dónde el fakir de Madagascar le había dicho que yacía su espíritu. Le había rozado la frente con una piel de serpiente, le había tocado las tetas sin sostén bajo camisa khaki de exploradora-turista y le había dado un cachivache, mezcla de cubo rubik y símbolo fálico. Ella nunca se atrevió a preguntar para qué servía, aunque lo sospechaba, y de hecho lo había utilizado, tras darle una forma adecuada, sin aristas, más de una y más de dos noches solitarias de viernes.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Erección

Después de este atracón, se le quitaron las ganas de seguir tragándose sus propias palabras, pues él seguía allí, en la cocina, de pie frente a ella, desnudo y excitado. Las palabras le producían ardor de estómago, pero ver su sexo le daba ganas de echar un polvo. Decidió, por tanto, cambiar de estrategia y pasar a la acción. Acercándose lentamente hacia él, que permanecía observador, podía notar cómo se aceleraba su pecho, y sus muslos temblaban ligeramente. La llegada del amante siempre era recibida con entusiasmo, y solían hacerlo en cualquier lugar de la casa durante horas, hasta que a él se le quedaba el miembro como de trapo, como un muñón informe. Así que, cuando estuvo lo suficientemente cerca como para percibir el aroma de su sexo, ella se puso de espaldas, pegada a su cuerpo, con las tetas agitándose al ritmo loco de su respiración. Podía notar el bulto de él husmeando por debajo de su culo. La falda era muy breve, así que no sería difícil proceder al asunto. Ella se aferró a la encimera con las dos manos, y adoptó la posición perruna, que era la más sucia y adecuada para la ocasión, y para él. Él la embistió desde atrás con una fuerza animalesca, que le hizo soltar un aullido de placer y de dolor. Fue rápido, pero grotescamente salvaje. Sabía cómo complacer a un hombre sin cruzar ni una palabra, sólo utilizando su cuerpo y la sensualidad que desprendía, y que sabía subyugaba a los hombres. A todos ellos.

lunes, 29 de marzo de 2010

Palabras

Entró en la cocina dispuesta a comerse sus palabras. Abrió el armario y rebuscó entre las latas de aceitunas rellenas, berberechos y pulpitos en su tinta, hasta dar con la que estaba buscando: una lata de palabras en escabeche.
Se sentó con tranquilidad en la mesa, abrió la lata y con un tenedor de postre sacó la primera: cunnilingus. ¡Qué suerte! Una de sus favoritas. Agarró la palabra por una punta y se la llevó a la boca. Mientras masticaba se le fue acelerando el corazón, su repiración empezó a agitarse, se le escaparon algunos gemidos, y cuando mejor estaba, se la tragó sin querer, quedándose completamente insatisfecha. Rebuscó en la lata por si había alguna más, pero esos cabrones ponían siempre muy pocas palabras de las buenas en las latas, para vender más, suponía. Así que se conformó y sacó con el tenedor la segunda palabra: Gonorrea. Con la palabra Gonorrea le pasaba como con las ostras, que mientras se las comía las disfrutaba, pero horas después siempre se arrepentía de habérselas comido. Así que dejó Gonorrea a un lado y sacó otra palabra: Alubia. Una palabra de las baratas y de relleno, que además le producía gases. Pero como tenía hambre no quiso ponerse exquisita y se la comió.
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jueves, 25 de marzo de 2010

& the winner is...

Los resultados de la votación son:

- La Flor de Hans: 10 votos
- 2:50 am: 9 votos
- Mi diario (anna): 8 votos
- Poema a Craywinckel: 5 votos
- Cry Winckel Cry: 5 votos
- Oda: 3 votos
- Quién engañó a Roger Conil: 3 votos
- Rehabilitación: 2 votos

Así que la Flor de Hans Craywinckel ha sido el cuento ganador, el tema ha está reñido por arriba.

Por cierto, Axel tu hermano "melindrero" te saluda, agradece tu voto compasivo y me alegro de haberte recordado lo que es un acrónimo!!! Jajaja, estoy de acuerdo que no me salió bien, nada bien, de hecho!!

P.D.- me parece divertida la propuesta de mi falsa prima. Propongo que cada uno escriba cuando le apetezca, mucha casualidad sería coincidir dos a la vez. de todas formas, recomiendo que la gente escriba en un Word y luego lo copies aquí por si tuviera problemas a la hora de publicar su trozo del texto.

Propongo que cada uno aporte ahora tres palabras ahora que por "webos" han de ser utilizadas por el resto (cada uno se pilla tres palabras de las que se han propuesto y que no sean las que aportado él/ella). Yo aportaría, por ejemplo: a) cetáceo, b) austrohúngaro y c) Tejón.

Ya diréis qué tal!

domingo, 21 de marzo de 2010

Votaciones y mi voto

Ayer se acabó el plazo para el concurso "craywinckel".


Ahora, a votar, pongamos que hasta el día 25. Por cierto, se admiten sugerencias para el próximo concurso.

Posibles:

- Como conocí a vuestra madre (formato monólogo).

- Crónica de guerra.

Aprovecho y ya voto. Mi voto es para "2:50 am". Debo decir que este concurso me ha parecido, de largo, el más flojo de todos.
Sandler.

viernes, 19 de marzo de 2010

Poema a Craywinckel


No ets guapo. Ni simpàtic. No ets divertit, ni tampoc elegant, ni especialment net. I prefereixes que t’insulti que no que et digui que t’estimo. Doncs si, t’ho dic Craywinckel: ets un idiota.
 
calderón de la mierda
 
 

jueves, 11 de marzo de 2010

oda

Cien metros de longitud
recubiertos de un asfalto firme y
antipático, en hora punta
y a eso de las cinco de la tarde.
Whiskies y vinos selectos en su bodega
integrada en la acera de la derecha encontrarás.
Napolitana en Da Pietro tomarás y al frente,
Cortacans!
Kilos, lo menos 70, un piso allí te costará
en pleno crack inmobiliario.
Lerdos? cómo en todos lados.

el poeta de l'escorxador.