martes, 22 de diciembre de 2009

Christmas Checkpoint


Por Lital Dahan


Carretera entre Belén y Jerusalén, Cisjordania.

24 de diciembre de 2009, 20.05 horas.

Jaled y su familia, cristianos palestinos, se dirigen a celebrar la nochebuena en Ramala, donde viven su madre y sus hermanos.



Después de una hora esperando en los coches hasta obtener alguna información del checkpoint, Jaled llama a su hermano mayor y se rinde a la evidencia. Reconoce que tendrán que cenar allí mismo, en la carretera. Quizás incluso, pasar la noche al raso. Imposible salir de Cisjordania, mucho menos cruzar Jerusalén Este y volver a entrar en territorio palestino, y ya sería remota la posibilidad de poder atravesar el control en Ramala.


Este año Israel quiere dejar incomunicado Cisjordania durante Navidad, y no permite movimientos de entrada o salida a través de Jerusalén al menos hasta el mediodía del día 25. Aunque los musulmanes no celebran la nochebuena, en estas tierras es una noche especial para judíos, cristianos y musulmanes. De manera que hay tanto tráfico que los israelíes temen que se aproveche el momento para la entrada de terroristas o mercancías prohibidas. Y eso no les gusta.


Junto a Jaled, parados en la caravana, otros vecinos y familias de Belén en su misma situación. El frío intenso y la noche cerrada son dos factores en su contra, así que entre varios deciden salir a buscar algo de leña, hacer un hueco entre algunos coches y la cuneta, y preparar una hoguera.


Jaled es palestino cristiano en Cisjordania. Eso quiere decir dos cosas: una, que está jodido. Dos, que está bien jodido. Los palestinos nunca saben cuándo les van a dejar pasar en el checkpoint y cuándo no. Pero Jaled lleva 14 años viviendo en Belén, y ha aprendido a dejar su destino en manos de Dios, igual que el resto de palestinos. Alá, Dios, Yahvé, o quien quiera que sea el nombre del que invoquen.


No tardan en hacer un buen fuego en medio de la carretera cortada, y otras familias, en otros puntos de la caravana, toman ejemplo. La calzada se convierte en una sucesión de hogueras aquí y allá, trazando una estela luminosa que justo termina en un espacio oscuro, súbitamente. Se puede intuir, casi oler, que ahí está el checkpoint, esa ruleta rusa de hormigón.


Alguien entre los coches tiene un par de hornillos de gas, y con ellos y las hogueras se las arreglan para calentar los platos que muchas familias llevan en los coches. De esta forma, al menos no cenan frío. Los vecinos de Belén están acostumbrados al turismo y no sufren tanto hostigamiento por parte de Israel como sus vecinos en Hebrón o Ramala. Sin embargo, estas situaciones pueden suceder en cualquier punto de Palestina y a cualquier hora. Hoy les ha tocado a ellos.


Lógicamente, las hogueras a lo largo de la carretera entre Belén y Jerusalén acaban llamando la atención de los satélites israelíes. Al principio no dieron importancia a la larga caravana de vehículos atrapados en el checkpoint; pero cuando vieron la fila de coches y hogueras, serpenteando entre las curvas, pensaron que podía tratarse de una maniobra con objetivos terroristas. Así que mientras los vecinos de Belén intentaban cenar caliente y templarse el cuerpo, se dirigía hacia ellos un operativo militar por tierra y aire para desmantelar esa especie de barricada de fuego improvisada.


Los helicópteros israelíes se acercan lo suficiente para encender los focos e intentar dispersar la caravana.


- Mira, Haim, parece la estrella de oriente -comenta un soldado israelí. -¡Podrías disparar unas ráfagas a esos cabrones!

- Ja, ja. Cierto, Assaf, pero no apunta hacia Belén sino a Jerusalén. ¿Es que piensan invadirnos en Navidad?

- Los putos palestinos nunca aprenderán que Jerusalén no les pertenece...


Fin.

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