Unos locos proponen un concurso bloggero de cuentos de Navidad. El que no sea fan de Smoke que levante la mano, excepto los mancos, es natural, que diría otro loco (troglodita), aunque los mancos tampoco pueden escribir en el blog, o quizá sí, no lo sé, ya me llegará, de momento solo me falta un dedo por hacer un remake de la historia de Tarantino en Four Rooms, que a su vez era un remake de otra historia y, en fin, siempre nos copiamos unos a otros. Moraleja: quien no sea fan de Tarantino que levante lo que pueda.
El premio consiste en dos botellas de Rioja, cosa de Morel que, entre muchas otras, cuenta con la generosidad entre sus virtudes. Sin ir más lejos, la última vez que estuve en su casa me invitó a una bolsa de Cheetos Gustosines. Pero para un bloggero el premio verdadero está en el simple hecho de ganar, en el reconocimiento a un estilo, unas ideas. ¿Y si nadie me vota? Quedaré como el culo. Mi único fan me abandonará y ya no me podré justificar con "tengo los mismos fans que los Flight of the Conchords".
De manera que me anticiparé a la derrota. Al menos que este escrito sirva para algo, contaré una historia que muchos preguntan a menudo, el por qué, el origen. "Todo esto no es más que una miserable coartada para el concurso", a lo que respondo con ciertas dudas entre "Viva Honduras", el subtítulo de mi mismo blog "hablaré con mi abogado" o el infalible "hemos venido a jugar". La frase "pero por qué no te callas!" también sirve, puesto que es casi tan navideña como "el orgullo y satisfacción" de Johhny Charlie, entiéndase Charlie como los charlies. Por él lanzo una lanza y ahora cuento mi cuento:
En mi familia, cada comida de Navidad, durante más de 20 años, terminaba con un relato. Un cuento como todos los que forman parte de este concurso bloggero. Lo narraba mi madre, en vivo y en directo, durante los cafés. Los días anteriores a Navidad estaba nerviosa, preocupada y tremendamente ocupada en escribir algo divertido, familiar y, de alguna manera, histórico, puesto que sus relatos eran una breve memoria anual de la familia Del Castillo. Tuvo la idea, el valor de ponerla en marcha y la perseverancia de mantenerla. Además, tenía los dones de la creatividad, de la brillantez, del sentido del humor original y del estilo propio. Sus cuentos de Navidad eran esperados con gran ilusión por todos nosotros. De alguna manera nos marcaron para siempre y nos dejaron una profunda huella. Para mí forma una parte importantísima de su inmenso legado, como una manera de entender la navidad, la familia y la vida misma.
Cuando murió, el vacío del día de Navidad era mucho mayor. Así que recogí el testigo y puse en marcha mi particular cuento de Navidad. Debía mantener el espíritu, pero variar el formato. El fondo sí, la forma, no. Que sea lo mismo, que sea diferente: un vídeo. No escribiré un texto y lo leeré el directo, lo pondré en imágenes y lo proyectaremos.
Así que empecé a hacer vídeos de Navidad, que incluían parodias, fotos, momentos divertidos, un guión en off que explicaba lo que fuera. Un pequeño cuento audiovisual que, como todos los cuentos, fantaseaba sobre unos personajes, en este caso nosotros mismos.
Fui mejorando con el tiempo, aprovechando las nuevas tecnologías. Casi diez años después, una amiga de una amiga me pidió un vídeo original como regalo para su marido, y pensé en crear una parodia de su vida, al más puro estilo Del Castillo. Fue un éxito, del cual surgieron pronto otras peticiones de vídeo. Paralelamente, harto de no querer levantarme de la cama por las mañanas durante meses, preso de una cierta depresión, decidí dar un giro en mi vida y cambiar de trabajo. Mientras buscaba algo "serio", me dediqué a terminar los vídeos que tenía pendientes y que realizaba fuera del horario laboral estándard.
Entonces me sobrevino un momento Forrest, "ya que he llegado hasta aquí, ¿por qué no seguir corriendo?", y decidí seguir haciendo vídeos. El primer paso era encontrar un nombre comercial. Quería homenajear el origen de todo, aquellos cuentos de Navidad de mi madre, de manera que mi marca debía tenerla presente. "En su nombre", propuso mi padre. Pues "ensu", campana y se acabó, es la voluntad de Dios.
Han pasado los años. Muchos rajamos de la Navidad y sus valores, como eternos adolescentes, o como hipercríticos con todo lo que se mueva, lo que viene a ser lo mismo. En foros del mundo entero se debate sobre las nueva tradición de este concurso de cuentos, sus normas y, como no podía ser de otra manera, surgen apuestas paralelas. Los dublineses somos así. Yo apuesto a que al menos el 75% de los participantes de este concurso no defienden los valores tradicionales de la navidad. No obstante, a alguien se le ocurrió la idea de poner en marcha una iniciativa que combina la amistad, las ganas de compartir y de celebrar, y, oh casualidades de la vida, todo esto entra en el cajón de la Navidad. ¿Y qué es la Navidad, queridos oyentes? Va llegando la hora en que tendré que explicárselo a mi hija, que ya pregunta quiénes son María, José y el niño del belén, antes de meterlos en el río helado junto con los cerdos y las gallinas, lo cual puede ser bastante revelador. Sea como fuere, querida Ariadna, trataré de regalarte algún día la verdad sobre la Navidad. El mismo regalo que protegió mi madre durante años, el mismo que nace con este concurso y que algunos intentaremos que nos sobreviva: la Navidad, hija mía, es un cuento.
Firmado: muertealosanonimos.com
martes, 22 de diciembre de 2009
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