Sólo hace falta morir una vez para darse cuenta de que no vale la pena. El sonido nublado y translúcido de tu hija por la noche, soñando en la habitación contigua, te devuelve a cada instante la certeza de un don mayor, y te lanza de bruces a la realidad de la magia más certera.
Todos hemos dormido en noches cavernosas de oscuridad rasposa, unos más que otros, unos con mayor frecuencia, otros con sueños más abrasivos, pero lo realmente importante es saber despertar. Y saber, además, que el despertar vale la pena.
Fue un día cualquiera entrelazado entre la lluvia hivernal y las luces decrépitas de las primeras farolas. Sola. Abrí el portátil y pensé "algo habrá que escribir". "Algo". No tenía la costumbre adquirida de la duda estéril sobre la página en blanco, así que me inundó una sensación pegajosa de novedad mal sobrellevada. "Algo". Empecé.
Hadiya es una niña de 6 ó 7 años. Ha llegado a España en avión. Lo sé porqué lo he visto. Lo he visto en televisión. Hadiya tiene un problema en el corazón, y necesita sin falta pasar por quirófano. En Marruecos, por lo que sea, no se puede hacer la operación. Lo deduzco de la historia, claro, ya ves, qué lista. Hadiya se ve frágil y rompediza a su llegada a la terminal. Viene sin sus padres, sin su familia. La espera una familia que no conoce, y que no la conocen, y que han decidido poner su granito de arena para que se pueda curar. Es una red de voluntarios, han dicho a cámara. Todos están emocionados. Hadiya vivirá en su casa dos meses, un hospital cede el quirófano, un médico la operará voluntariamente, y también es voluntario el anestesista. La familia que la espera le ha preparado una habitación bonita y luminosa, con una caja de colores nuevos y una muñeca. Lo han enseñado a cámara, plano americano. Están muy nerviosos. Esperan que le guste. Es la semana de Navidad. Apago la tele y me seco las lágrimas. Ese sí es un buen regalo.
No hay mayor belleza que los destellos que nos devuelven la fe en la capacidad de hacer el bien. Y ese es el mapa topográfico de un despertar homérico. Me he despertado varias veces. No tantas como las que me había dormido. Pero lo importante es despertar.
Katanga Bulawayo
miércoles, 23 de diciembre de 2009
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