Adiós pan de hogaza, bonjour baguette.
Adiós pajarita, bonjour foulard.
Adiós himno sin letra, bonjour marseillasse.
Adiós Resines, bonjour Depardieu.
Adiós kelme, bonjour lacoste.
Adiós Carmen Machi, bonjour Charlene Suric.
Adiós orujo, bonjour pastís.
Adiós Ducados, bonjour Gauloises.
Adiós agosto en Benidorm, bonjour mai 68.
Adiós cabrales, bonjour camembert.
Adiós boina, bonjour beret.
Adiós Perales, bonjour Gainsbourg.
Y sobre todo:
Adiós la roja, bonjour bosques de Ardeche donde no se oye nada del mundial.
lunes, 5 de julio de 2010
jueves, 1 de julio de 2010
LO QUE SUCEDIÓ EN EL TREN
Antes de que sucediera lo del tren, había dos cosas en la vida que Friskies González odiaba. Por una parte estaban los perros de todas las razas, tamaños y colores, y por la otra, el verano.
Lejos de lo que un lector perspicaz pueda haber ya barruntado, el hecho de que Friskies González tuviera nombre de comida para perros, no guardaba relación directa con su odio hacia los canes. Si bien no podría decirse que Friskies González llevara su nombre con orgullo o con alegría, (y ni tan siquiera con resignación), Friskies González se consideraba ante todo un hombre justo. Y su justicia le indicaba que los únicos responsables del lastre que le suponía su penoso nombre, eran, por una parte su madre, y por la otra, el hijo de perra del funcionario que accedió a registrarle.
Pero dejemos a un lado el origen del nombre de Friskies González. Llegaremos a él, no se impacienten. Por el momento vamos a centrarnos en el tema que nos ocupa, que no es otro que lo que ocurrió aquel día en el tren, que hizo que Friskies González dejara de odiar a los perros de todas las razas, tamaños y colores.
Para poder entender bien por qué dejó de odiarlos, es incuestionable, y estarán todos de acuerdo conmigo, (tanto los lectores más perspicaces como aquellos más bien limitados), que es fundamental esclarecer el motivo por el que los odiaba.
Bien, allá va: Friskies González odiaba a los perros, y atiendan bien a esto, porque en verano, cuando el calor apretaba y Friskies González sentía (como cualquier hijo de vecino) la necesidad de liberar sus pies de la prisión de los calcetines y de los incómodos zapatos invernales, sus impulsos se veían refrenados por la habitual y abundante presencia canina en las vías públicas.
La primera pregunta que se hará el lector, es por qué y de qué modo unos inocentes perros podrían impedir que Friskies González utilizara unas veraniegas y fresquitas sandalias, o incluso unas chanclas, en sus habituales paseos vespertinos. He aquí la respuesta: todos los perros, sin excluir uno, al ver, o para ser más exactos, al olfatear los pies semidesnudos de Friskies González, se lanzaban en manada a chupárselos, dejándoselos la mayoría de las veces en un deplorable estado, cuando no en carne viva.
¿Y por qué venían los perros de todas las razas, tamaños y colores a chuparle los pies a Friskies González? Para que esta cuestión quede también perfectamente aclarada y pueda por ende comprenderse lo que sucedió aquel día en el tren, vamos a tener que retomar el tema del origen del nombre de Friskies González (y perdonen que me extienda, pero me parece pertinente y necesario).
Comenzaremos por explicar que la madre de Friskies González era estéril de nacimiento, y que tenía además una tienda de comida para perros a las afueras de la ciudad. Quédense con estos dos datos, en principio sin relación directa, porque son la clave para comprenderlo todo.
Un día, estaba la madre de Friskies González en el almacén de su tienda organizando las latas de comida en función de sus ingredientes, cuando un desafortunado golpe de viento hizo que la puerta del almacén se cerrara dejándola atrapada por dentro.
Dado que era temprano y aun no había abierto el establecimiento al público, y dado que la madre de Friskies González era una persona solitaria, sin familiares, ni amigos, ni apenas conocidos que la echaran de menos, nadie se molestó en buscarla.
La madre de Friskies González sobrevivió durante 47 días con sus respectivas noches en el almacén de su tienda alimentándose a base de comida para perros de la marca Friskies.
Podría ser éste, qué duda cabe, un motivo más que suficiente como para ponerle a su hijo el nombre de la susodicha marca. Existe sin embargo un motivo de aun más peso. Porque, ¿cómo es posible que Friskies González fuera concebido por parte de su madre, siendo ésta, tal y como ya se ha dicho que era, estéril de nacimiento? Tiene relación directa con la reclusión y con el rescate y sobretodo con la marca de comida para perros Friskies.
La cosa es que la madre de Friskies González se cansó de gritar auxilio sin obtener respuesta aproximadamente el día 28 de su cautiverio. Para el día 34 ya había perdido la razón, la noción del tiempo y el poco entendimiento que tenía (no se había mencionado antes por ser irrelevante, pero la madre de Friskie González no era una persona especialmente lúcida).
Así los hechos, la madre de Friskies González hubiera muerto por inanición tan pronto se le hubiera acabado el suministro de carne enlatada, pienso y suero canino, de no haber sido por la brillante intervención en el devenir de la historia del señor Camorro González.
Camorro González era un indigente que vivía frente a la tienda de comida para perros de la madre de Friskies González. Dado que la noche del día 47 del encierro hacía un frío de perros, (valga la redundancia canina) Camorro González decidió guarecerse en algún sitio, y la tienda de la madre de Friskies González, aparentemente abandonada, le pareció el lugar apropiado.
Así pues, Camorro rebuscó en su carrito hasta encontrar un serrucho con el que se dirigió a la tienda para serrar con él la persiana metálica. Después de trabajar con ahínco durante más de tres horas, Camorro González no había conseguido ni siquiera arañarla. Hay que decir que la idea de Camorro González de serrar una persiana metálica con un serrucho era un poco gilipollas, y que cualquiera con un par de dedos de frente lo hubiera entendido mucho antes, pero es que Camorro González, para qué engañarnos, tampoco era precisamente lúcido.
El caso es que Camorro, cabreado tras su infructuoso esfuerzo dio rienda suelta a su naturaleza violenta y le propinó una patada a la persiana, que subió del impacto sin ningún tipo de problema, poniendo de manifiesto que siempre había estado abierta, bajada, pero abierta.
Camorro González entró en la tienda, abrió la caja registradora y se guardó en los bolsillos dos billetes de mil pesetas, uno de dos mil, y todas las monedas que encontró. Acto seguido inspeccionó con detalle el local hasta que se encontró con la puerta del almacén. Al abrirla, la imagen de la madre de Friskies González tumbada en el suelo, sudada, desnuda, rodeada de latas de comida, de sacos de pienso y excrementos, le sorprendió y excitó a partes iguales.
Por su parte, la madre de Friskie González, que como ya se ha dicho antes, había perdido el día 34 de su reclusión sus pocas entendederas, en su delirio interpretó que Camorro González era un enorme pastor Alemán que venía a rescatarla, y se dejó lamer (y otras cosas que el buen gusto y el decoro nos impide detallar) por Camorro González.
Cuando se descubrió que la madre de Friskies González había quedado en cinta tras ese encuentro, los médicos, maravillados por el prodigio del embarazo de una mujer estéril de nacimiento, determinaron que la alimentación a base de comida para perros Friskies, por su alto contenido en hormonas, había jugado un papel fundamental en la consecución del milagro. A raíz del suceso, unos conocidos laboratorios farmacéuticos se interesaron en el tema, y se abrió una línea de investigación cuyos resultados conocen ustedes ya de sobras, y no veo por tanto la necesidad de que los expliquemos aquí.
El caso es que la madre de Friskies, quién sabe si porque estaba aun un poco perturbada por su encierro, o porque había adquirido la costumbre, o porque realmente le parecía sabrosa, decidió continuar con su dieta a base de comida para perros Friskies durante todo su embarazo.
A los nueve meses nació por fin Friskies González, un niño sano y alegre, y con la particularidad de que el sudor de sus pies (que por cierto era muy abundante) le olía a comida para perros Friskies. “Mutación glandular” explicaron los médicos.
Como supondrán, el hecho de que todos los perros se abalanzaran en manada sobre los pies de Friskies González cuando éste los exponía al aire libre en verano, era algo desagradable, molesto y doloroso, y es por tanto de justicia admitir que Friskies González estaba en su pleno derecho a sentir cierta animadversión hacia los canes. Asimismo, hay que admitir también como un hecho totalmente natural, que esa animadversión, mantenida y prologada en el tiempo se transformó en odio, que es lo que efectivamente Friskies González sentía, antes de que sucediera lo que sucedió en el tren.
Y ahora sí, puestos ya en antecedentes, vamos por fin a relatar qué fue lo que sucedió en el tren, aunque es muy probable que los más avispados ya lo intuyan.
Efectivamente, a Friskies Gonzalez lo asaltaron en un tren de cercanías, a la altura de Bellvitge, una noche en que volvía a su casa después de echarse unos bailes en El Imperator con una mujer a la que el aliento le olía (y mucho) a boquerones en vinagre.
—Dame la cartera, el medallón de oro que llevas puesto y las bambas —le dijo el atracador, un hombre de unas uñas muy largas, que empuñaba una navajilla.
Friskies González miró a su alrededor atentamente, y vio que la única persona que podía ayudarle dormía ajeno a todo el asunto al fondo del vagón y estaba además acompañado por un perro.
—Te doy la cartera, pero no me pidas ni el medallón ni las bambas —intentó negociar con humildad Friskies González.
—Venga coño, que estoy muy loco, he dicho que el medallón, la cartera y las bambas.
Grandes lágrimas rodaron entonces por las gruesas y crujientes mejillas de Friskies González. El medallón, que por cierto no era de oro, era el único recuerdo que le quedaba a Friskies de su padre Camorro González, tristemente fallecido en una reyerta callejera. Sabía además, que al quitarse las bambas, el perro del fondo le atormentaría hasta el final del trayecto chupándole los pies hasta dejárselos en carne viva. Y nada le garantizaba que ese atracador, con lo loco que decía que estaba, después de darle lo que le pedía, pensara dejarle con vida.
Sin embargo, Friskies González obedeció sin rechistar. Le dio la cartera, le entregó el medallón no sin antes besarlo varias veces, y acto seguido se descalzó.
Ese fue el preciso instante que cambió el rumbo de la vida de Friskies González. La perra del fondo, Kuky, al olerle los pies a Friskies, se lanzó a la desesperada para chupárselos, arrasando con todo lo que se le puso por delante, es decir, al atracador de las uñas largas y la navajita, que cayó al suelo golpeándose en la nuca y falleciendo instantáneamente.
Así fue como Friskies González entendió que el olor de sus pies no era un lastre sino un don divino que prácticamente le había salvado la vida. Ese olor, más que un olor era un arma, que a partir de aquel momento pensaba utilizar cada vez que fuera necesario para impartir justicia por el mundo. Acababa de nacer el mítico super héroe del que tanto han oído hablar. Después de ponerse de nuevo las bambas, Friskies González le pegó una pequeña patada con la punta del pie al atracador para comprobar que realmente estaba muerto, besó el medallón y se bajó en la próxima parada.
Lejos de lo que un lector perspicaz pueda haber ya barruntado, el hecho de que Friskies González tuviera nombre de comida para perros, no guardaba relación directa con su odio hacia los canes. Si bien no podría decirse que Friskies González llevara su nombre con orgullo o con alegría, (y ni tan siquiera con resignación), Friskies González se consideraba ante todo un hombre justo. Y su justicia le indicaba que los únicos responsables del lastre que le suponía su penoso nombre, eran, por una parte su madre, y por la otra, el hijo de perra del funcionario que accedió a registrarle.
Pero dejemos a un lado el origen del nombre de Friskies González. Llegaremos a él, no se impacienten. Por el momento vamos a centrarnos en el tema que nos ocupa, que no es otro que lo que ocurrió aquel día en el tren, que hizo que Friskies González dejara de odiar a los perros de todas las razas, tamaños y colores.
Para poder entender bien por qué dejó de odiarlos, es incuestionable, y estarán todos de acuerdo conmigo, (tanto los lectores más perspicaces como aquellos más bien limitados), que es fundamental esclarecer el motivo por el que los odiaba.
Bien, allá va: Friskies González odiaba a los perros, y atiendan bien a esto, porque en verano, cuando el calor apretaba y Friskies González sentía (como cualquier hijo de vecino) la necesidad de liberar sus pies de la prisión de los calcetines y de los incómodos zapatos invernales, sus impulsos se veían refrenados por la habitual y abundante presencia canina en las vías públicas.
La primera pregunta que se hará el lector, es por qué y de qué modo unos inocentes perros podrían impedir que Friskies González utilizara unas veraniegas y fresquitas sandalias, o incluso unas chanclas, en sus habituales paseos vespertinos. He aquí la respuesta: todos los perros, sin excluir uno, al ver, o para ser más exactos, al olfatear los pies semidesnudos de Friskies González, se lanzaban en manada a chupárselos, dejándoselos la mayoría de las veces en un deplorable estado, cuando no en carne viva.
¿Y por qué venían los perros de todas las razas, tamaños y colores a chuparle los pies a Friskies González? Para que esta cuestión quede también perfectamente aclarada y pueda por ende comprenderse lo que sucedió aquel día en el tren, vamos a tener que retomar el tema del origen del nombre de Friskies González (y perdonen que me extienda, pero me parece pertinente y necesario).
Comenzaremos por explicar que la madre de Friskies González era estéril de nacimiento, y que tenía además una tienda de comida para perros a las afueras de la ciudad. Quédense con estos dos datos, en principio sin relación directa, porque son la clave para comprenderlo todo.
Un día, estaba la madre de Friskies González en el almacén de su tienda organizando las latas de comida en función de sus ingredientes, cuando un desafortunado golpe de viento hizo que la puerta del almacén se cerrara dejándola atrapada por dentro.
Dado que era temprano y aun no había abierto el establecimiento al público, y dado que la madre de Friskies González era una persona solitaria, sin familiares, ni amigos, ni apenas conocidos que la echaran de menos, nadie se molestó en buscarla.
La madre de Friskies González sobrevivió durante 47 días con sus respectivas noches en el almacén de su tienda alimentándose a base de comida para perros de la marca Friskies.
Podría ser éste, qué duda cabe, un motivo más que suficiente como para ponerle a su hijo el nombre de la susodicha marca. Existe sin embargo un motivo de aun más peso. Porque, ¿cómo es posible que Friskies González fuera concebido por parte de su madre, siendo ésta, tal y como ya se ha dicho que era, estéril de nacimiento? Tiene relación directa con la reclusión y con el rescate y sobretodo con la marca de comida para perros Friskies.
La cosa es que la madre de Friskies González se cansó de gritar auxilio sin obtener respuesta aproximadamente el día 28 de su cautiverio. Para el día 34 ya había perdido la razón, la noción del tiempo y el poco entendimiento que tenía (no se había mencionado antes por ser irrelevante, pero la madre de Friskie González no era una persona especialmente lúcida).
Así los hechos, la madre de Friskies González hubiera muerto por inanición tan pronto se le hubiera acabado el suministro de carne enlatada, pienso y suero canino, de no haber sido por la brillante intervención en el devenir de la historia del señor Camorro González.
Camorro González era un indigente que vivía frente a la tienda de comida para perros de la madre de Friskies González. Dado que la noche del día 47 del encierro hacía un frío de perros, (valga la redundancia canina) Camorro González decidió guarecerse en algún sitio, y la tienda de la madre de Friskies González, aparentemente abandonada, le pareció el lugar apropiado.
Así pues, Camorro rebuscó en su carrito hasta encontrar un serrucho con el que se dirigió a la tienda para serrar con él la persiana metálica. Después de trabajar con ahínco durante más de tres horas, Camorro González no había conseguido ni siquiera arañarla. Hay que decir que la idea de Camorro González de serrar una persiana metálica con un serrucho era un poco gilipollas, y que cualquiera con un par de dedos de frente lo hubiera entendido mucho antes, pero es que Camorro González, para qué engañarnos, tampoco era precisamente lúcido.
El caso es que Camorro, cabreado tras su infructuoso esfuerzo dio rienda suelta a su naturaleza violenta y le propinó una patada a la persiana, que subió del impacto sin ningún tipo de problema, poniendo de manifiesto que siempre había estado abierta, bajada, pero abierta.
Camorro González entró en la tienda, abrió la caja registradora y se guardó en los bolsillos dos billetes de mil pesetas, uno de dos mil, y todas las monedas que encontró. Acto seguido inspeccionó con detalle el local hasta que se encontró con la puerta del almacén. Al abrirla, la imagen de la madre de Friskies González tumbada en el suelo, sudada, desnuda, rodeada de latas de comida, de sacos de pienso y excrementos, le sorprendió y excitó a partes iguales.
Por su parte, la madre de Friskie González, que como ya se ha dicho antes, había perdido el día 34 de su reclusión sus pocas entendederas, en su delirio interpretó que Camorro González era un enorme pastor Alemán que venía a rescatarla, y se dejó lamer (y otras cosas que el buen gusto y el decoro nos impide detallar) por Camorro González.
Cuando se descubrió que la madre de Friskies González había quedado en cinta tras ese encuentro, los médicos, maravillados por el prodigio del embarazo de una mujer estéril de nacimiento, determinaron que la alimentación a base de comida para perros Friskies, por su alto contenido en hormonas, había jugado un papel fundamental en la consecución del milagro. A raíz del suceso, unos conocidos laboratorios farmacéuticos se interesaron en el tema, y se abrió una línea de investigación cuyos resultados conocen ustedes ya de sobras, y no veo por tanto la necesidad de que los expliquemos aquí.
El caso es que la madre de Friskies, quién sabe si porque estaba aun un poco perturbada por su encierro, o porque había adquirido la costumbre, o porque realmente le parecía sabrosa, decidió continuar con su dieta a base de comida para perros Friskies durante todo su embarazo.
A los nueve meses nació por fin Friskies González, un niño sano y alegre, y con la particularidad de que el sudor de sus pies (que por cierto era muy abundante) le olía a comida para perros Friskies. “Mutación glandular” explicaron los médicos.
Como supondrán, el hecho de que todos los perros se abalanzaran en manada sobre los pies de Friskies González cuando éste los exponía al aire libre en verano, era algo desagradable, molesto y doloroso, y es por tanto de justicia admitir que Friskies González estaba en su pleno derecho a sentir cierta animadversión hacia los canes. Asimismo, hay que admitir también como un hecho totalmente natural, que esa animadversión, mantenida y prologada en el tiempo se transformó en odio, que es lo que efectivamente Friskies González sentía, antes de que sucediera lo que sucedió en el tren.
Y ahora sí, puestos ya en antecedentes, vamos por fin a relatar qué fue lo que sucedió en el tren, aunque es muy probable que los más avispados ya lo intuyan.
Efectivamente, a Friskies Gonzalez lo asaltaron en un tren de cercanías, a la altura de Bellvitge, una noche en que volvía a su casa después de echarse unos bailes en El Imperator con una mujer a la que el aliento le olía (y mucho) a boquerones en vinagre.
—Dame la cartera, el medallón de oro que llevas puesto y las bambas —le dijo el atracador, un hombre de unas uñas muy largas, que empuñaba una navajilla.
Friskies González miró a su alrededor atentamente, y vio que la única persona que podía ayudarle dormía ajeno a todo el asunto al fondo del vagón y estaba además acompañado por un perro.
—Te doy la cartera, pero no me pidas ni el medallón ni las bambas —intentó negociar con humildad Friskies González.
—Venga coño, que estoy muy loco, he dicho que el medallón, la cartera y las bambas.
Grandes lágrimas rodaron entonces por las gruesas y crujientes mejillas de Friskies González. El medallón, que por cierto no era de oro, era el único recuerdo que le quedaba a Friskies de su padre Camorro González, tristemente fallecido en una reyerta callejera. Sabía además, que al quitarse las bambas, el perro del fondo le atormentaría hasta el final del trayecto chupándole los pies hasta dejárselos en carne viva. Y nada le garantizaba que ese atracador, con lo loco que decía que estaba, después de darle lo que le pedía, pensara dejarle con vida.
Sin embargo, Friskies González obedeció sin rechistar. Le dio la cartera, le entregó el medallón no sin antes besarlo varias veces, y acto seguido se descalzó.
Ese fue el preciso instante que cambió el rumbo de la vida de Friskies González. La perra del fondo, Kuky, al olerle los pies a Friskies, se lanzó a la desesperada para chupárselos, arrasando con todo lo que se le puso por delante, es decir, al atracador de las uñas largas y la navajita, que cayó al suelo golpeándose en la nuca y falleciendo instantáneamente.
Así fue como Friskies González entendió que el olor de sus pies no era un lastre sino un don divino que prácticamente le había salvado la vida. Ese olor, más que un olor era un arma, que a partir de aquel momento pensaba utilizar cada vez que fuera necesario para impartir justicia por el mundo. Acababa de nacer el mítico super héroe del que tanto han oído hablar. Después de ponerse de nuevo las bambas, Friskies González le pegó una pequeña patada con la punta del pie al atracador para comprobar que realmente estaba muerto, besó el medallón y se bajó en la próxima parada.
lunes, 28 de junio de 2010
Estás como un tren
Los trenes son artefactos perfectos de la metáfora. El viaje, el cambio, trasunto de la vida. Y además, a diferencia del coche, que es otro instrumento muy manido en Metáforalandia, tanto que incluso ha dado origen al término road-movie, no conducimos nosotros, sino un tercero, a quién no vemos la cara. Incluso hay trenes manejados remotamente. Esta circunstancia es la clave de vuelta, porque permite trazar el paralelismo preciso con la vida como mejunje de casualidades y azares, potaje en el que nosotros somos las alubias, o el chorizo, pero no el cocinero ni siquiera el cucharón. El tren también es un recordatorio de tiempos pretéritos, porque es una manera de viajar a la antigua, que no rompe el contínuo espacio, no hay un salto y un vacío como en el avión, que es claramente el medio de transporte del futuro, no tan diferente al teletransporte que mostraba Star Trek.
Por cierto, antes de seguir, y perdonen la demora, me permito, ya que el tema va de trenes, recomendarles Una novela rusa, de Emmanuel Carrére. Ahí encontrarán, a tres cuartos de libro, un relato dentro de una novela que es quizás uno de los ejemplos más fabulosos de relato dentro de la realidad o realidad dentro del relato. Algo así me hubiera gustado presentar a concurso en esta web, pero uno no da para más. En fin, recomendación hecha.
Volviendo al objetivo propiamente dicho, el relato ferroviario, todo comenzó el día que a Brunet le regalaron un tren eléctrico. No sólo el tren, claro. Las estaciones, los puentes. Una caja de pinturas y maquetas de un paisaje alpino idílico. Brunet tenía en esa época quince años, y aunque uno piensa que a esa edad lo suyo hubiese sido hacerse pajas como un desesperado y ocultar revistas guarras debajo del colchón, no era ésa su ocupación principal. No, él leía, y jugaba al Scalextric, y se quedaba en casa, y veía los episodios de Campeones, y soñaba con ser Mark Landers, o uno de los dos gemelos que se subían uno encima del otro para impulsarse y marcar goles inverosímiles incluso para un mundo en el que los campos de fútbol tenían curvatura. Brunet recibió su regalo con mucha ilusión, y pasó meses montando el tren. Una vez acabado, sus padres apreciaron una curvatura extraña, muy sutil, en la madera enorme que servía de base al montaje del tren. Apreciaron también los lagos alpinos con agua de verdad, las cabritas montesas, unos esquiadores en la cima de una montaña, telearrastres, carreteras, coches con rubias y pañuelos recogiendo sus melenas, diminutas Grace Kellys disfrutando de unas merecidísimas vacaciones invernales, jefes de estación con bigotes, guardas forestales con cabañas a las puertas, ardillitas devorando bellotitas diminutas. Un sol cegador colgaba del techo. Nubes de algodón formaban un manto celeste que auguraba precipitaciones al día siguiente, fenómeno atmosférico preparado mediante un mecanismo construído con una regadera, un cubo, un reloj, dos cuerdas y tres poleas.
Los padres de Brunet se miraron sorprendidos, extrañados y preocupados. Ese día, al irse a dormir, Brunet se encontró encima de la cama una revista guarra.
Por cierto, antes de seguir, y perdonen la demora, me permito, ya que el tema va de trenes, recomendarles Una novela rusa, de Emmanuel Carrére. Ahí encontrarán, a tres cuartos de libro, un relato dentro de una novela que es quizás uno de los ejemplos más fabulosos de relato dentro de la realidad o realidad dentro del relato. Algo así me hubiera gustado presentar a concurso en esta web, pero uno no da para más. En fin, recomendación hecha.
Volviendo al objetivo propiamente dicho, el relato ferroviario, todo comenzó el día que a Brunet le regalaron un tren eléctrico. No sólo el tren, claro. Las estaciones, los puentes. Una caja de pinturas y maquetas de un paisaje alpino idílico. Brunet tenía en esa época quince años, y aunque uno piensa que a esa edad lo suyo hubiese sido hacerse pajas como un desesperado y ocultar revistas guarras debajo del colchón, no era ésa su ocupación principal. No, él leía, y jugaba al Scalextric, y se quedaba en casa, y veía los episodios de Campeones, y soñaba con ser Mark Landers, o uno de los dos gemelos que se subían uno encima del otro para impulsarse y marcar goles inverosímiles incluso para un mundo en el que los campos de fútbol tenían curvatura. Brunet recibió su regalo con mucha ilusión, y pasó meses montando el tren. Una vez acabado, sus padres apreciaron una curvatura extraña, muy sutil, en la madera enorme que servía de base al montaje del tren. Apreciaron también los lagos alpinos con agua de verdad, las cabritas montesas, unos esquiadores en la cima de una montaña, telearrastres, carreteras, coches con rubias y pañuelos recogiendo sus melenas, diminutas Grace Kellys disfrutando de unas merecidísimas vacaciones invernales, jefes de estación con bigotes, guardas forestales con cabañas a las puertas, ardillitas devorando bellotitas diminutas. Un sol cegador colgaba del techo. Nubes de algodón formaban un manto celeste que auguraba precipitaciones al día siguiente, fenómeno atmosférico preparado mediante un mecanismo construído con una regadera, un cubo, un reloj, dos cuerdas y tres poleas.
Los padres de Brunet se miraron sorprendidos, extrañados y preocupados. Ese día, al irse a dormir, Brunet se encontró encima de la cama una revista guarra.
miércoles, 16 de junio de 2010
Ocurrió en un tren
Amalia y Pedro se veían cada mañana en el trayecto Vic-Ripoll, se saludaban cortesmente y entablaron una pseudo amistad. Ocurrió en un tren.
María dio a luz a su segundo hijo, Luis. Estaba en la semana 36 de gestación, el traqueteo constante favoreció el encaje del bebé. Ocurrió en un tren.
Juan perdió la vida, y Carlos, y Merche y Estrella y Marcos y ....Fue un 11 de marzo en Madrid. Ocurrió en un tren.
A Marc le robaron la cartera y el móvil al quedarse dormido volviendo de fiesta. Ocurrió en un tren.
Cris y Abel tuvieron un tórrido momento en el lavabo donde dieron rienda suelta a sus hormonas. Ocurrió en un tren.
Maxwell tocó su harmónica diez años después para llevarse algo a la boca. Ocurrió en un tren.
Joan se desmayó y se abrió la cabeza por culpa del calor. Ocurrió en un tren.
Y yo, aquí en el andén de la estación esperando al susodicho....y aquó no ocurre nada.
María dio a luz a su segundo hijo, Luis. Estaba en la semana 36 de gestación, el traqueteo constante favoreció el encaje del bebé. Ocurrió en un tren.
Juan perdió la vida, y Carlos, y Merche y Estrella y Marcos y ....Fue un 11 de marzo en Madrid. Ocurrió en un tren.
A Marc le robaron la cartera y el móvil al quedarse dormido volviendo de fiesta. Ocurrió en un tren.
Cris y Abel tuvieron un tórrido momento en el lavabo donde dieron rienda suelta a sus hormonas. Ocurrió en un tren.
Maxwell tocó su harmónica diez años después para llevarse algo a la boca. Ocurrió en un tren.
Joan se desmayó y se abrió la cabeza por culpa del calor. Ocurrió en un tren.
Y yo, aquí en el andén de la estación esperando al susodicho....y aquó no ocurre nada.
jueves, 6 de mayo de 2010
Entrega de premios
Instigada por un blogamigo que prefiere mantenerse en el anonimato, y desde la prudencia que da el haber propuesto ya algo en el pasado con un resultado negativo (léase relato entre todos), me atrevo a proponeros una cena para la entrega oficial de premios de los concursos que ya se han fallado (hum, suena importante y todo, jajaja).
El lugar propuesto es La Moscarola, y ahora viene lo difícil, la fecha. Como me consta que todos tenemos una agenda muy apretada, y como no sé qué preferís, si viernes o sábado, yo sugiero tres posibles fines de semana, y así tanteamos el terreno.
22-23 mayo
29-30 mayo
4-5 junio.
Yo prefiero que sea un viernes.Ya diréis qué os parece esta vez mi sugerencia.
El lugar propuesto es La Moscarola, y ahora viene lo difícil, la fecha. Como me consta que todos tenemos una agenda muy apretada, y como no sé qué preferís, si viernes o sábado, yo sugiero tres posibles fines de semana, y así tanteamos el terreno.
22-23 mayo
29-30 mayo
4-5 junio.
Yo prefiero que sea un viernes.Ya diréis qué os parece esta vez mi sugerencia.
lunes, 3 de mayo de 2010
volvemos
buenas. Visto que parece más fácil si hay una temática o título cerrado, propongo el siguiente tema:
"historias de un viaje"
fecha límite: 25 de mayo.
Anda, a ver si vuelve la hegemonía de los Monforte (;) jajaja, es broma!!
"historias de un viaje"
fecha límite: 25 de mayo.
Anda, a ver si vuelve la hegemonía de los Monforte (;) jajaja, es broma!!
lunes, 26 de abril de 2010
Jou,jou,jou
Lo siento, pero en esta edición me he colado...no he podido escribir.
Además creo que lo liamos demasiado y la mayoría no entendió (fallo mío) el mecanismo...
Así pues propongo un nuevo concurso...
Temática libre, todo libre.
Fecha límite: 20 de mayo.
P.d.- qué os parece?
Además creo que lo liamos demasiado y la mayoría no entendió (fallo mío) el mecanismo...
Así pues propongo un nuevo concurso...
Temática libre, todo libre.
Fecha límite: 20 de mayo.
P.d.- qué os parece?
martes, 20 de abril de 2010
Una historia
Entonces oyó un ruido en el pasillo. Pensó que sería él, que aún no se habría ido. Pero no.
De repente irrumpió en la cocina aquel individuo mostrenco. Su cuerpo de cetáceo en la puerta, hizo que de repente la estancia pareciera minúscula. De la chaqueta sacó una pistola y se acercó el cañón a los labios haciendo un gesto para que no gritara.
Señaló la silla invitándola a sentarse. La estaba apuntando. Sintíó un retortijón de angustia.
Le dio una pluma y un papel arrugado y le dijo al oído: “escribirás una historia y en ella tendrás que utilizar estas tres palabras:…”
De repente irrumpió en la cocina aquel individuo mostrenco. Su cuerpo de cetáceo en la puerta, hizo que de repente la estancia pareciera minúscula. De la chaqueta sacó una pistola y se acercó el cañón a los labios haciendo un gesto para que no gritara.
Señaló la silla invitándola a sentarse. La estaba apuntando. Sintíó un retortijón de angustia.
Le dio una pluma y un papel arrugado y le dijo al oído: “escribirás una historia y en ella tendrás que utilizar estas tres palabras:…”
martes, 6 de abril de 2010
Cachicalegudo
Sólo cuando él se fue, cayó en la cuenta. Dejó el cigarro a medias y corrió a mirar el calendario magnético que escalaba la nevera. Era 15 de febrero, San Valentín. Ella, que siempre había despreciado esa fecha, ella que siempre se rió del sentimentalismo cursi, ya lo estaba echando de menos. A su pollón también, de acuerdo, y a sus nalgas duras y a su pecho liso y depilado, pero a él, a él, a sus ojos y su sonrisa y su olor a café Arpegio de cápsula azul, o ¿ese era el Volluto?. Un dolor agudo recorrió su muslo derecho, ahí dónde el fakir de Madagascar le había dicho que yacía su espíritu. Le había rozado la frente con una piel de serpiente, le había tocado las tetas sin sostén bajo camisa khaki de exploradora-turista y le había dado un cachivache, mezcla de cubo rubik y símbolo fálico. Ella nunca se atrevió a preguntar para qué servía, aunque lo sospechaba, y de hecho lo había utilizado, tras darle una forma adecuada, sin aristas, más de una y más de dos noches solitarias de viernes.
miércoles, 31 de marzo de 2010
Erección
Después de este atracón, se le quitaron las ganas de seguir tragándose sus propias palabras, pues él seguía allí, en la cocina, de pie frente a ella, desnudo y excitado. Las palabras le producían ardor de estómago, pero ver su sexo le daba ganas de echar un polvo. Decidió, por tanto, cambiar de estrategia y pasar a la acción. Acercándose lentamente hacia él, que permanecía observador, podía notar cómo se aceleraba su pecho, y sus muslos temblaban ligeramente. La llegada del amante siempre era recibida con entusiasmo, y solían hacerlo en cualquier lugar de la casa durante horas, hasta que a él se le quedaba el miembro como de trapo, como un muñón informe. Así que, cuando estuvo lo suficientemente cerca como para percibir el aroma de su sexo, ella se puso de espaldas, pegada a su cuerpo, con las tetas agitándose al ritmo loco de su respiración. Podía notar el bulto de él husmeando por debajo de su culo. La falda era muy breve, así que no sería difícil proceder al asunto. Ella se aferró a la encimera con las dos manos, y adoptó la posición perruna, que era la más sucia y adecuada para la ocasión, y para él. Él la embistió desde atrás con una fuerza animalesca, que le hizo soltar un aullido de placer y de dolor. Fue rápido, pero grotescamente salvaje. Sabía cómo complacer a un hombre sin cruzar ni una palabra, sólo utilizando su cuerpo y la sensualidad que desprendía, y que sabía subyugaba a los hombres. A todos ellos.
lunes, 29 de marzo de 2010
Palabras
Entró en la cocina dispuesta a comerse sus palabras. Abrió el armario y rebuscó entre las latas de aceitunas rellenas, berberechos y pulpitos en su tinta, hasta dar con la que estaba buscando: una lata de palabras en escabeche.
Se sentó con tranquilidad en la mesa, abrió la lata y con un tenedor de postre sacó la primera: cunnilingus. ¡Qué suerte! Una de sus favoritas. Agarró la palabra por una punta y se la llevó a la boca. Mientras masticaba se le fue acelerando el corazón, su repiración empezó a agitarse, se le escaparon algunos gemidos, y cuando mejor estaba, se la tragó sin querer, quedándose completamente insatisfecha. Rebuscó en la lata por si había alguna más, pero esos cabrones ponían siempre muy pocas palabras de las buenas en las latas, para vender más, suponía. Así que se conformó y sacó con el tenedor la segunda palabra: Gonorrea. Con la palabra Gonorrea le pasaba como con las ostras, que mientras se las comía las disfrutaba, pero horas después siempre se arrepentía de habérselas comido. Así que dejó Gonorrea a un lado y sacó otra palabra: Alubia. Una palabra de las baratas y de relleno, que además le producía gases. Pero como tenía hambre no quiso ponerse exquisita y se la comió.
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Se sentó con tranquilidad en la mesa, abrió la lata y con un tenedor de postre sacó la primera: cunnilingus. ¡Qué suerte! Una de sus favoritas. Agarró la palabra por una punta y se la llevó a la boca. Mientras masticaba se le fue acelerando el corazón, su repiración empezó a agitarse, se le escaparon algunos gemidos, y cuando mejor estaba, se la tragó sin querer, quedándose completamente insatisfecha. Rebuscó en la lata por si había alguna más, pero esos cabrones ponían siempre muy pocas palabras de las buenas en las latas, para vender más, suponía. Así que se conformó y sacó con el tenedor la segunda palabra: Gonorrea. Con la palabra Gonorrea le pasaba como con las ostras, que mientras se las comía las disfrutaba, pero horas después siempre se arrepentía de habérselas comido. Así que dejó Gonorrea a un lado y sacó otra palabra: Alubia. Una palabra de las baratas y de relleno, que además le producía gases. Pero como tenía hambre no quiso ponerse exquisita y se la comió.
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jueves, 25 de marzo de 2010
& the winner is...
Los resultados de la votación son:
- La Flor de Hans: 10 votos
- 2:50 am: 9 votos
- Mi diario (anna): 8 votos
- Poema a Craywinckel: 5 votos
- Cry Winckel Cry: 5 votos
- Oda: 3 votos
- Quién engañó a Roger Conil: 3 votos
- Rehabilitación: 2 votos
Así que la Flor de Hans Craywinckel ha sido el cuento ganador, el tema ha está reñido por arriba.
Por cierto, Axel tu hermano "melindrero" te saluda, agradece tu voto compasivo y me alegro de haberte recordado lo que es un acrónimo!!! Jajaja, estoy de acuerdo que no me salió bien, nada bien, de hecho!!
P.D.- me parece divertida la propuesta de mi falsa prima. Propongo que cada uno escriba cuando le apetezca, mucha casualidad sería coincidir dos a la vez. de todas formas, recomiendo que la gente escriba en un Word y luego lo copies aquí por si tuviera problemas a la hora de publicar su trozo del texto.
Propongo que cada uno aporte ahora tres palabras ahora que por "webos" han de ser utilizadas por el resto (cada uno se pilla tres palabras de las que se han propuesto y que no sean las que aportado él/ella). Yo aportaría, por ejemplo: a) cetáceo, b) austrohúngaro y c) Tejón.
Ya diréis qué tal!
- La Flor de Hans: 10 votos
- 2:50 am: 9 votos
- Mi diario (anna): 8 votos
- Poema a Craywinckel: 5 votos
- Cry Winckel Cry: 5 votos
- Oda: 3 votos
- Quién engañó a Roger Conil: 3 votos
- Rehabilitación: 2 votos
Así que la Flor de Hans Craywinckel ha sido el cuento ganador, el tema ha está reñido por arriba.
Por cierto, Axel tu hermano "melindrero" te saluda, agradece tu voto compasivo y me alegro de haberte recordado lo que es un acrónimo!!! Jajaja, estoy de acuerdo que no me salió bien, nada bien, de hecho!!
P.D.- me parece divertida la propuesta de mi falsa prima. Propongo que cada uno escriba cuando le apetezca, mucha casualidad sería coincidir dos a la vez. de todas formas, recomiendo que la gente escriba en un Word y luego lo copies aquí por si tuviera problemas a la hora de publicar su trozo del texto.
Propongo que cada uno aporte ahora tres palabras ahora que por "webos" han de ser utilizadas por el resto (cada uno se pilla tres palabras de las que se han propuesto y que no sean las que aportado él/ella). Yo aportaría, por ejemplo: a) cetáceo, b) austrohúngaro y c) Tejón.
Ya diréis qué tal!
domingo, 21 de marzo de 2010
Votaciones y mi voto
Ayer se acabó el plazo para el concurso "craywinckel".
Ahora, a votar, pongamos que hasta el día 25. Por cierto, se admiten sugerencias para el próximo concurso.
Posibles:
- Como conocí a vuestra madre (formato monólogo).
- Crónica de guerra.
Aprovecho y ya voto. Mi voto es para "2:50 am". Debo decir que este concurso me ha parecido, de largo, el más flojo de todos.
Sandler.
Ahora, a votar, pongamos que hasta el día 25. Por cierto, se admiten sugerencias para el próximo concurso.
Posibles:
- Como conocí a vuestra madre (formato monólogo).
- Crónica de guerra.
Aprovecho y ya voto. Mi voto es para "2:50 am". Debo decir que este concurso me ha parecido, de largo, el más flojo de todos.
Sandler.
viernes, 19 de marzo de 2010
Poema a Craywinckel
calderón de la mierda
jueves, 11 de marzo de 2010
oda
Cien metros de longitud
recubiertos de un asfalto firme y
antipático, en hora punta
y a eso de las cinco de la tarde.
Whiskies y vinos selectos en su bodega
integrada en la acera de la derecha encontrarás.
Napolitana en Da Pietro tomarás y al frente,
Cortacans!
Kilos, lo menos 70, un piso allí te costará
en pleno crack inmobiliario.
Lerdos? cómo en todos lados.
el poeta de l'escorxador.
recubiertos de un asfalto firme y
antipático, en hora punta
y a eso de las cinco de la tarde.
Whiskies y vinos selectos en su bodega
integrada en la acera de la derecha encontrarás.
Napolitana en Da Pietro tomarás y al frente,
Cortacans!
Kilos, lo menos 70, un piso allí te costará
en pleno crack inmobiliario.
Lerdos? cómo en todos lados.
el poeta de l'escorxador.
2:50 a.m.
Buena pinta, este es de los de “quizás se acerque y me diga algo”. Lo hace, se acerca. ¿pero por qué no me gusta la idea? Seguramente porque estoy en medio de la calle y la expresión de su cara no es la esperada. ODIO, eso es lo que leo en ella. Acelera el paso. Da miedo. ¿Y porqué empiezo a correr ahora? Instinto, eso es. Creo que me sigue. Y no hay nadie en la calle, ¡MIERDA! ¿porqué decidí volver andando a casa? Queda poco, he de ir más rápido, ahora él también corre, y me está siguiendo, ¡seguro que me sigue! ¿En qué maldito momento se me ocurrió dejar el deporte? Oigo Sus gritos. ¿Pero qué le ha cogido? Ni siquiera le conozco. Que aparezca alguien, ¡por favor! A ver si resulta que mi madre tenía razón con la absurda idea de que Craywinckel no es una calle segura. ¡Alguien!¡Quien sea! Quiere hacerme daño, lo sé. ¡Pero es que ya no puedo más! Aguanta, queda poco. Sólo una calle, y el portal estará ahí. Se acerca, ¡SE ACERCA! Quizás el vecino de la moto esté en el portal. Se pasa los fines de semana ahí con sus amiguetes. ¡Mierda de bolso!. No voy a encontrar las llaves en mi vida ¡Corre, corre! ¡Ese loco asesino conseguirá matarme!...
¡Eh! ¡Oiga, señora! ¿Pero qué le ha dado? ¡Le digo que se le han caído del bolso, cojones!... Hay que ver cómo está la gente. ¿Y dónde dejo yo ahora estas llaves?
Too Late.
¡Eh! ¡Oiga, señora! ¿Pero qué le ha dado? ¡Le digo que se le han caído del bolso, cojones!... Hay que ver cómo está la gente. ¿Y dónde dejo yo ahora estas llaves?
Too Late.
martes, 9 de marzo de 2010
¿Quién engañó a Roger Conill?
Al bueno de Craywinckel no le conoce ni Dios. Has de ser cutre para no tener ni tres líneas contadas en wikipedia. Esto va así: si quieres saber cuánto te quieren, mira el número de amigos de facebook; si quieres conocer tu índice de inmortalidad, cuenta tus líneas de wikipedia.
Pues el puto Craywinckel tiene una y media. Y, sin embargo, le han puesto una calle en Barcelona. Esta ciudad es muy progre, muy cool, muy in, muy creativa, muy innovadora y muy fantástica universal, como todos sabemos. Y es tan chachi guachi que le ponemos calles a Craywinckel porque su legado fue incontestable. ¿Y cuál fue su legado, si no lo sabe ni Mr Google? ¿La tenía gigantesca? O quizá era su hijo quien la tenía enorme, y consiguió con los favores de su desproporcionado miembro viril que se honrara a su padre como merecía, ya que fueron sus genes les dotaron de semejante Torre Agbar. En realidad la construcción de Zap sana debía llamarse Craywinckel's, pero el nombre estaba pillado, algún listo que se metió aquella monstruosidad hasta el esófago y juró inmortalizar el sabor a calzoncillo de tres días.
Porque veamos, ¿quién decide los nombres de las calles? ¿Roger Conill? Quizá el Roger Conill que se dedica a tan honorable labor profesional no había cobrado aquel mes, y pensó "ahora os vais a joder, a esta calle le meto 'Craywinckel' y a cascarla".
Es un misterio digno de Carvalho. Lástima que Pepe no esté en nosotros. En su lugar, siempre nos quedará, mira por dónde, Craywinckel. Ahora no puedo evitarlo, cuando veo un paquetazo nadando en la piscina pienso en Craywinckel, cuando me aburro me rasco mis craywinckels, cuando la saco de un trasero cualquiera lavo cuidadosamente mi craywinckel, cuando ligo me acerco a lo que sea y con un movimiento de pelvis suelto "te presento a Craywinckel".
En cualquier caso, alguien engañó a Roger Conill.
Ojalá hubiera sido yo.
Rocco
Pues el puto Craywinckel tiene una y media. Y, sin embargo, le han puesto una calle en Barcelona. Esta ciudad es muy progre, muy cool, muy in, muy creativa, muy innovadora y muy fantástica universal, como todos sabemos. Y es tan chachi guachi que le ponemos calles a Craywinckel porque su legado fue incontestable. ¿Y cuál fue su legado, si no lo sabe ni Mr Google? ¿La tenía gigantesca? O quizá era su hijo quien la tenía enorme, y consiguió con los favores de su desproporcionado miembro viril que se honrara a su padre como merecía, ya que fueron sus genes les dotaron de semejante Torre Agbar. En realidad la construcción de Zap sana debía llamarse Craywinckel's, pero el nombre estaba pillado, algún listo que se metió aquella monstruosidad hasta el esófago y juró inmortalizar el sabor a calzoncillo de tres días.
Porque veamos, ¿quién decide los nombres de las calles? ¿Roger Conill? Quizá el Roger Conill que se dedica a tan honorable labor profesional no había cobrado aquel mes, y pensó "ahora os vais a joder, a esta calle le meto 'Craywinckel' y a cascarla".
Es un misterio digno de Carvalho. Lástima que Pepe no esté en nosotros. En su lugar, siempre nos quedará, mira por dónde, Craywinckel. Ahora no puedo evitarlo, cuando veo un paquetazo nadando en la piscina pienso en Craywinckel, cuando me aburro me rasco mis craywinckels, cuando la saco de un trasero cualquiera lavo cuidadosamente mi craywinckel, cuando ligo me acerco a lo que sea y con un movimiento de pelvis suelto "te presento a Craywinckel".
En cualquier caso, alguien engañó a Roger Conill.
Ojalá hubiera sido yo.
Rocco
¿Qué Ferdinand, ni ocho cuartos? ¡Manuel!
Existe en la zona alta de Barcelona una calle que tendría que pasar sin pena ni gloria. No es bonita ni fea. Es corta, no hay nada destacable para bien o para mal. Pero debido a sus comercios (por no apuntar a uno sólo...) y sobretodo a la jeta de las piji-mamás-Clase A/Smart/Cayenne -que no se cortan ni un pelo en aparcar en doble fila- es una calle intransitable. Pilla de paso para ir a buscar la Ronda de Dalt (salida 6), hay una gasolinera en la esquina con República Argentina. Para que alargarse... si un día soy alcalde, la tiraré al suelo entera y la volveré a construir; o no. La dejaré en plan Kosovo, que mola más, ¡que se jodan!
Una vez he dejado clara mi opinión sobre la callecita de los cojones y he dejado más ADN en las frases preliminares que en el capuchón de un profiláctico, prosigo con mi relato.
Hay una leyenda urbana que atribuye el protagonismo de la calle Craywinckel a Ferdinand Manuel Martín Louis Barthélemy de Craywinckel. ¡¡¡Noooooooooooooooooooo!!!! Ferdi, nació en Madrid en 1820 y la palmó en el 88. Pupilo de un tal Bellon en Burdeos, destacó por componer música sacra de alto calibre (¿alto calibre?).
Con este currículum podría tranquilamente tener una calle en Barcelona, o en Santa Agnès de Malanyanes, o en el centro de Picamoixons o a las afueras de Bell-lloc d'Urgell. Pero no.
Tal y como se puede rastrear en el "Catàleg de la sèrie de llicències d'obres particulars del fons documental de l'antic ajuntament de Sant Gervasi de Cassoles. (1843-1897)". Es Manuel y no Ferdinand quien da nombre a la calle.
Vale, perfecto, ¿y?
No us perdeu això: Barcelona 2022
Una vez he dejado clara mi opinión sobre la callecita de los cojones y he dejado más ADN en las frases preliminares que en el capuchón de un profiláctico, prosigo con mi relato.
Hay una leyenda urbana que atribuye el protagonismo de la calle Craywinckel a Ferdinand Manuel Martín Louis Barthélemy de Craywinckel. ¡¡¡Noooooooooooooooooooo!!!! Ferdi, nació en Madrid en 1820 y la palmó en el 88. Pupilo de un tal Bellon en Burdeos, destacó por componer música sacra de alto calibre (¿alto calibre?).
Con este currículum podría tranquilamente tener una calle en Barcelona, o en Santa Agnès de Malanyanes, o en el centro de Picamoixons o a las afueras de Bell-lloc d'Urgell. Pero no.
Tal y como se puede rastrear en el "Catàleg de la sèrie de llicències d'obres particulars del fons documental de l'antic ajuntament de Sant Gervasi de Cassoles. (1843-1897)". Es Manuel y no Ferdinand quien da nombre a la calle.
Vale, perfecto, ¿y?
No us perdeu això: Barcelona 2022
lunes, 8 de marzo de 2010
Mi diario (segunda parte)
Bueno, pues ya tenemos el cuento hecho. Al final es hasta el día 20, tenía mas tiempo, pero ya he conseguido que me pasen un trabajo y lo he modificado un poco, a ver si me gano unas botellas de bino. Me he acercado al profesor Hammond Forte y se lo he entregado pasado a ordinador. Es el sigiente:
Rehabilitado
La mayoría de la gente sólo conocía su apodo. Pero cuando entró en la clínica Serem Polls, en las afueras de Santa Coloma, Jerry Solé tuvo que deshacerse del mito. Era consciente de que su personaje había llegado a controlar su vida. Su actitud era la que se le supone a una antiestrella del fúbol. Probablemente era el fubolista vivo que más se había drogado y bebido de la Historia de la Liga. Incluso más que Maradona o que Carrasco. Por eso, la experiencia de la rehabilitación era doblemente dura para él. Primero, debía desprenderse de su identidad, con la que había entablado una cosa inseparable, para después curarse como persona, y quizás como fubolista.
Acaso, en realidad, su personaje estaba ahogando a sus piernas, como un defensa estrangula a un delantero, agotando inexorable su tiempo y su aire. Pero la sóla idea de aparcar, aunque fuera temporalmente, su identidad como símbolo de una generación, removía en él viejos fantasmas del pasado. Su infancia, el recuerdo famoso de su padre, la angustia y el jolgorio de aquella época de su vida. De camino al hospital, en el coche, se enfrentó a su miedo invocando una última vez a Diegaso, junto a su manager.
Esta vez el viaje era sin maletas ni compañeros. Solos él y el espejo. No sabía si estaba preparado para ver su reflejo en él por primera vez desde hacía años. Quizás no viera más que una pelota rodeada de porterías marchitas. El doctor Del Corral le recibió con la cosa habitual en estos casos. Sabía cuándo una celebridad se encontraba al borde del abismo, y eso le complacía enormemente.
- Señor Solé, necesitaré su nombre completo, por favor.
- Jerome John C. Solé.
- Jerome John C. Solé-anotó cuidadosamente. ¿La "C" corresponde a, por favor?
- Craywinckel. Jerry Craywinckel Solé.
- Ostias. Allí vivo yo, soy Emilio Pérez de Rozas.
- Enchanté
Eso es todo. Haber si tengo suerte
Anna
Rehabilitado
La mayoría de la gente sólo conocía su apodo. Pero cuando entró en la clínica Serem Polls, en las afueras de Santa Coloma, Jerry Solé tuvo que deshacerse del mito. Era consciente de que su personaje había llegado a controlar su vida. Su actitud era la que se le supone a una antiestrella del fúbol. Probablemente era el fubolista vivo que más se había drogado y bebido de la Historia de la Liga. Incluso más que Maradona o que Carrasco. Por eso, la experiencia de la rehabilitación era doblemente dura para él. Primero, debía desprenderse de su identidad, con la que había entablado una cosa inseparable, para después curarse como persona, y quizás como fubolista.
Acaso, en realidad, su personaje estaba ahogando a sus piernas, como un defensa estrangula a un delantero, agotando inexorable su tiempo y su aire. Pero la sóla idea de aparcar, aunque fuera temporalmente, su identidad como símbolo de una generación, removía en él viejos fantasmas del pasado. Su infancia, el recuerdo famoso de su padre, la angustia y el jolgorio de aquella época de su vida. De camino al hospital, en el coche, se enfrentó a su miedo invocando una última vez a Diegaso, junto a su manager.
Esta vez el viaje era sin maletas ni compañeros. Solos él y el espejo. No sabía si estaba preparado para ver su reflejo en él por primera vez desde hacía años. Quizás no viera más que una pelota rodeada de porterías marchitas. El doctor Del Corral le recibió con la cosa habitual en estos casos. Sabía cuándo una celebridad se encontraba al borde del abismo, y eso le complacía enormemente.
- Señor Solé, necesitaré su nombre completo, por favor.
- Jerome John C. Solé.
- Jerome John C. Solé-anotó cuidadosamente. ¿La "C" corresponde a, por favor?
- Craywinckel. Jerry Craywinckel Solé.
- Ostias. Allí vivo yo, soy Emilio Pérez de Rozas.
- Enchanté
Eso es todo. Haber si tengo suerte
Anna
Cry, Winckel, Cry
Doña Wikipedia dice que Ferdinand Manuel Martin Louis Barthélemy de Craywinckel fue un compositor y director de orquesta del siglo XIX. Un personaje enigmático, porque la nota es parca, y es, en palabras de Wiki, “huérfana”, es decir no hay ningún otro artículo relacionado con ella. El misterio se agranda porque en Google no hay más referencias al compositor. A partir de la cuarta entrada surgen ofertas de pisos en venta en la barcelonesa calle que lleva su nombre. También un link a La Yaya Costurera, intuyo que se trata de un negocio que presta servicios de aguja e hilo a los ineptos pijos de hoy. ¿Quién fue Ferdinand? ¿Por qué no encuentro webs francesas que hablen de él? Debería ser así si, como presumo, era francés, dado que estudió en Burdeos. ¿Hay una conspiración planetaria para borrar el nombre de FMMLBdC de la memoria humana? Esfuerzo oculto que sólo un héroe arrojado se ha arriesgado a combatir con una brevísima – se me acaba el tiempo, me siguen, oigo pasos en la escalera- reseña en una web enciclopédica, quizás el último acto heroico de la vida de un resistente contra el olvido.
¿Qué hizo Craywinckel para merecer ese trabajo? ¿Quién puso su nombre a una calle del barrio de San Gervasio de Barcelona? ¿ Es casual que no se encuentre en el santoral mención alguna a San Gervasio? ¿Hay en la cripta de Santo Stefano en Cremona, cómo se murmura, un quinto evangelio escrito por San Gervasio, el décimocuarto apóstol de Jesucristo según los gnósticos? ¿Por qué en la web del ayuntamiento de Barcelona se oculta el nombre del promotor de la idea de bautizar así a la calle que une el paseo de San Gervasio – otra vez ese nombre, acaso mera coincidencia? – con la calle de la República Argentina. ¿Es azar que Argentina, en su segunda acepción, signifique “de plata”, y que algunos grabados apócrifos muestren a San Gervasio recibiendo de un ser con apariencia diabólica tres monedas de ese metal?
Saltemos al campo de la literatura. Rip van Winkle era, en el famoso relato de Jonathan Irving, ese personaje que durmió decenas de años. Van Winkle es obviamente una transformación poco disimulada del nombre que nos ocupa. Además, cómo es sabido, Irving realizó un viaje a España que inspiró su famoso Cuentos de la Alhambra. ¿Por qué el diario de sus andanzas ibéricas tiene un salto de diez días, período en el cual tenía previsto visitar Barcelona? ¿Por qué omitió registro alguna de su visita? ¿Tuvo alguna influencia su viaje en el hecho de que la calle fuese bautizada Craywinckel once años después? Fijémonos que once, once y no doce, es el número de letras contenidas en el nombre Craywinckel.
Y por último, y creo que no es el dato menos espeluznante de todos, ¿quién era Edwin Winkels, ese periodista holandés que llevó a Van Gaal a decir “Tú eres muy malo, Edwin Winkels”? ¿Por qué su foto no aparece en la web de la asociación de periodistas deportivos holandeses?.
No hay mayor ciego que el que no quiere ver.
Jacq´s
¿Qué hizo Craywinckel para merecer ese trabajo? ¿Quién puso su nombre a una calle del barrio de San Gervasio de Barcelona? ¿ Es casual que no se encuentre en el santoral mención alguna a San Gervasio? ¿Hay en la cripta de Santo Stefano en Cremona, cómo se murmura, un quinto evangelio escrito por San Gervasio, el décimocuarto apóstol de Jesucristo según los gnósticos? ¿Por qué en la web del ayuntamiento de Barcelona se oculta el nombre del promotor de la idea de bautizar así a la calle que une el paseo de San Gervasio – otra vez ese nombre, acaso mera coincidencia? – con la calle de la República Argentina. ¿Es azar que Argentina, en su segunda acepción, signifique “de plata”, y que algunos grabados apócrifos muestren a San Gervasio recibiendo de un ser con apariencia diabólica tres monedas de ese metal?
Saltemos al campo de la literatura. Rip van Winkle era, en el famoso relato de Jonathan Irving, ese personaje que durmió decenas de años. Van Winkle es obviamente una transformación poco disimulada del nombre que nos ocupa. Además, cómo es sabido, Irving realizó un viaje a España que inspiró su famoso Cuentos de la Alhambra. ¿Por qué el diario de sus andanzas ibéricas tiene un salto de diez días, período en el cual tenía previsto visitar Barcelona? ¿Por qué omitió registro alguna de su visita? ¿Tuvo alguna influencia su viaje en el hecho de que la calle fuese bautizada Craywinckel once años después? Fijémonos que once, once y no doce, es el número de letras contenidas en el nombre Craywinckel.
Y por último, y creo que no es el dato menos espeluznante de todos, ¿quién era Edwin Winkels, ese periodista holandés que llevó a Van Gaal a decir “Tú eres muy malo, Edwin Winkels”? ¿Por qué su foto no aparece en la web de la asociación de periodistas deportivos holandeses?.
No hay mayor ciego que el que no quiere ver.
Jacq´s
miércoles, 3 de marzo de 2010
La flor de Hans Craywinckel
Hans Craywinckel nació con una flor en el culo. No estamos hablando de que Hans Craywinckel tuviera mucha suerte, ni de que Hans Craywinckel naciera con una amapola brotándole con timidez o porqué no, con descaro, del esfínter anal. No, la cosa es más sencilla: Hans Craywinckel nació con una mancha en forma de margarita estampada en las nalgas. Al verlo, Hans Mc Queen, Hans Mc Jrondemor y Hans Mc Denauer, los tres posibles padres de la criatura, fueron a pedirle cuentas a Hanna Mc Wilkinson, madre de Hans Craywinckel. "¡A ver si este niño va a ser de Hans Mc Morrison!", dijo Hans Mc Queen indignado, y fue secundado por Hans Mc Jrondemor y por Hans Mc Denauer. Lo cierto es que motivos para desconfiar no les faltaban. Hans Mc Jefferson se había encargado de difundir sin que le temblara la voz, que Hans Mc Morrison (vecino de otra comuna), tenía una mariposa de iguales o muy similares características adornándole la espalda.
Si cabía posibilidad alguna de que Hans Craywinckel fuera hijo de Hans Mc Morrison, eso es algo que Hanna Mc Wilkinson se llevó a la tumba. Pocos días después del nacimiento de Hans Craywinckel, Hanna Mc Wilkinson interpretó (a causa de un mal viaje), que el río era una plancha y ella un pincho moruno, y pereció ahogada.
Fue entonces cuando Hans Mc Queen, Hans Mc Jrondemor y Hans Mc Denauer olvidaron sus resquemores y se hicieron cargo de la crianza de Hans Craywinckel. Observaron sorprendidos y embelesados (a la vez que orgullosos), cómo los pétalos del pequeño Hans Craywinckel cambiaban de tonalidad en función de su estado de ánimo o de salud. Un tono rojizo significaba enfado, uno amarillo gases, uno marrón heces, y así hasta completar la tabla cromática, y hasta que Hans Craywinckel comenzó a hablar.
Por motivos de comodidad, Hans Craywinckel creció desnudo. Y como es natural, su flor se fue desarrollando y expandiendo, transformándose de una pequeña margarita similar a una flor de manzanilla, a un enorme girasol que exhibía con orgullo a los 25 años. Fue a esa edad cuando descubrió de forma causal que con su flor podía predecir el futuro. La cosa sucedió más o menos así: estaba Hans Craywinckel arrodillado buscando un pedazo de chocolate que se le había caído, cuando Hanna Mc Guggenheim se le acercó por detrás. “¿Crees que lloverá hoy?”, le preguntó por preguntar, buscando entablar conversación. Hans Craywinckel, obcecado como estaba en encontrar su chocolate, no escuchó la pregunta formulada por Hanna Mc Guggenheim. No así su flor, que no se limitó tan solo a escucharla, sino que además la respondió. El habitual tono blanco de sus pétalos se tornó durante un par de segundos en uno verde y brillante. Incrédula, Hanna Mc Guggenheim repitió “¿Crees que lloverá hoy?”. Y la flor, sin dudarlo un segundo, respondió de la misma forma. Hanna Mc Guggenheim, entre sorprendida y admirada, formuló entonces una nueva pregunta. “¿Van a cazar algo hoy Hans Mc Jefferson, Hans Mc Flurry y Hans Mc Thomas,?”. La flor respondió tiñéndose de rojo. “¿Va a encontrar lo que busca Hans Craywinckel?”, siguió preguntando emocionada Hanna Mc Guggenheim. Y la flor repitió el último color, el rojo.
Aquella tarde, Hans Mc Jefferson, Hans Mc Flurry y Hans Mc Thomas volvieron a la comuna empapados por una inesperada lluvia torrencial y sin un triste ñu que llevarse a la boca. Hans Craywinckel se quedó sin fumar.
La noticia corrió como la pólvora. En poco tiempo la flor de Hans Craywinckel fue conocida en todos los estados del país. Hans Craywinckel se fabricó unas rodilleras con dos cocos, y se dispuso a atender a las cientos de personas que procedentes de los lugares más peregrinos, a diario se presentaban en la comuna para conocer qué les deparaba el futuro. A cambio de un oso hormiguero, un mapache, un ñu o cualquier otro tipo de vianda, la flor de Hans Craywinckel decía si sí o si no. O rojo o verde. Un sistema de adivinación limitado, es cierto, pero menos es nada.
La comuna se convirtió a partir de ese momento en la más rica del país. Tantas eran las consultas, que para no perder el tiempo Hans Craywinckel se acostumbró a dormir arrodillado. Comía arrodillado, se reproducía arrodillado, fumaba arrodillado, lloraba arrodillado y su única distracción era contar hormigas y hacer bolitas con las cacas de los perros, que por algún extraño motivo, abundaban a su alrededor. Si Hans Craywinckel pensó en algún momento que su vida era una mierda, eso es algo que no vamos a desvelar aquí.
Lo que sí vamos a decir es que un día, Hans Mc Queen, Hans Mc Jrondemor y Hans Mc Denauer, los padres de Hans Craywinckel se pusieron a la cola, y sin que se sepa porqué, formularon una pregunta dañina, perniciosa, funesta, destructiva. Una pregunta que les llevaría a tocar el infierno con las yemas de los dedos, y que jamás deberían haber siquiera pensado en formular. “¿Somos nosotros tus verdaderos padres?”. Tras medio segundo de tensa espera, la flor se tiñó de color sangre.
Aquella noche los padres de Hans Craywinckel se cogieron de las manos y atados a varias piedras se tiraron al río, donde fueron devorados por las alimañas acuáticas.
Hans Craywinckel murió de la pena, arrodillado. No obstante, su flor siguió funcionando, así que le enterraron con los glúteos a la vista. Aún hoy, cientos de personas peregrinan hacia la comuna de Hans Craywinckel con objeto de conocer qué les deparará la vida. Ésta sigue siendo la región más rica del país.
La moraleja de toda esta bonita historia basada en hechos reales, (por si alguien con algún tipo de problema o retraso aun no la ha pillado), es que a veces es preferible nacer sin una flor en el culo.
Hans Mc Wayne
Si cabía posibilidad alguna de que Hans Craywinckel fuera hijo de Hans Mc Morrison, eso es algo que Hanna Mc Wilkinson se llevó a la tumba. Pocos días después del nacimiento de Hans Craywinckel, Hanna Mc Wilkinson interpretó (a causa de un mal viaje), que el río era una plancha y ella un pincho moruno, y pereció ahogada.
Fue entonces cuando Hans Mc Queen, Hans Mc Jrondemor y Hans Mc Denauer olvidaron sus resquemores y se hicieron cargo de la crianza de Hans Craywinckel. Observaron sorprendidos y embelesados (a la vez que orgullosos), cómo los pétalos del pequeño Hans Craywinckel cambiaban de tonalidad en función de su estado de ánimo o de salud. Un tono rojizo significaba enfado, uno amarillo gases, uno marrón heces, y así hasta completar la tabla cromática, y hasta que Hans Craywinckel comenzó a hablar.
Por motivos de comodidad, Hans Craywinckel creció desnudo. Y como es natural, su flor se fue desarrollando y expandiendo, transformándose de una pequeña margarita similar a una flor de manzanilla, a un enorme girasol que exhibía con orgullo a los 25 años. Fue a esa edad cuando descubrió de forma causal que con su flor podía predecir el futuro. La cosa sucedió más o menos así: estaba Hans Craywinckel arrodillado buscando un pedazo de chocolate que se le había caído, cuando Hanna Mc Guggenheim se le acercó por detrás. “¿Crees que lloverá hoy?”, le preguntó por preguntar, buscando entablar conversación. Hans Craywinckel, obcecado como estaba en encontrar su chocolate, no escuchó la pregunta formulada por Hanna Mc Guggenheim. No así su flor, que no se limitó tan solo a escucharla, sino que además la respondió. El habitual tono blanco de sus pétalos se tornó durante un par de segundos en uno verde y brillante. Incrédula, Hanna Mc Guggenheim repitió “¿Crees que lloverá hoy?”. Y la flor, sin dudarlo un segundo, respondió de la misma forma. Hanna Mc Guggenheim, entre sorprendida y admirada, formuló entonces una nueva pregunta. “¿Van a cazar algo hoy Hans Mc Jefferson, Hans Mc Flurry y Hans Mc Thomas,?”. La flor respondió tiñéndose de rojo. “¿Va a encontrar lo que busca Hans Craywinckel?”, siguió preguntando emocionada Hanna Mc Guggenheim. Y la flor repitió el último color, el rojo.
Aquella tarde, Hans Mc Jefferson, Hans Mc Flurry y Hans Mc Thomas volvieron a la comuna empapados por una inesperada lluvia torrencial y sin un triste ñu que llevarse a la boca. Hans Craywinckel se quedó sin fumar.
La noticia corrió como la pólvora. En poco tiempo la flor de Hans Craywinckel fue conocida en todos los estados del país. Hans Craywinckel se fabricó unas rodilleras con dos cocos, y se dispuso a atender a las cientos de personas que procedentes de los lugares más peregrinos, a diario se presentaban en la comuna para conocer qué les deparaba el futuro. A cambio de un oso hormiguero, un mapache, un ñu o cualquier otro tipo de vianda, la flor de Hans Craywinckel decía si sí o si no. O rojo o verde. Un sistema de adivinación limitado, es cierto, pero menos es nada.
La comuna se convirtió a partir de ese momento en la más rica del país. Tantas eran las consultas, que para no perder el tiempo Hans Craywinckel se acostumbró a dormir arrodillado. Comía arrodillado, se reproducía arrodillado, fumaba arrodillado, lloraba arrodillado y su única distracción era contar hormigas y hacer bolitas con las cacas de los perros, que por algún extraño motivo, abundaban a su alrededor. Si Hans Craywinckel pensó en algún momento que su vida era una mierda, eso es algo que no vamos a desvelar aquí.
Lo que sí vamos a decir es que un día, Hans Mc Queen, Hans Mc Jrondemor y Hans Mc Denauer, los padres de Hans Craywinckel se pusieron a la cola, y sin que se sepa porqué, formularon una pregunta dañina, perniciosa, funesta, destructiva. Una pregunta que les llevaría a tocar el infierno con las yemas de los dedos, y que jamás deberían haber siquiera pensado en formular. “¿Somos nosotros tus verdaderos padres?”. Tras medio segundo de tensa espera, la flor se tiñó de color sangre.
Aquella noche los padres de Hans Craywinckel se cogieron de las manos y atados a varias piedras se tiraron al río, donde fueron devorados por las alimañas acuáticas.
Hans Craywinckel murió de la pena, arrodillado. No obstante, su flor siguió funcionando, así que le enterraron con los glúteos a la vista. Aún hoy, cientos de personas peregrinan hacia la comuna de Hans Craywinckel con objeto de conocer qué les deparará la vida. Ésta sigue siendo la región más rica del país.
La moraleja de toda esta bonita historia basada en hechos reales, (por si alguien con algún tipo de problema o retraso aun no la ha pillado), es que a veces es preferible nacer sin una flor en el culo.
Hans Mc Wayne
Rehabilitación
La mayoría de la gente sólo conocía su nombre artístico. Pero cuando ingresó en la clínica Serenity Knolls, en las afueras de San Francisco, Jerry Garcia tuvo que desprenderse del mito. Era consciente de que su personaje había llegado a controlar su vida. Su actitud era la que se le supone a una antiestrella del rock. Probablemente era el artista vivo que más se había drogado y bebido de la Historia. Incluso más que Jagger o que Morrison. Por eso, la experiencia de la rehabilitación era doblemente dura para él. Primero, debía desprenderse de su identidad, con la que había entablado una simbiosis inseparable, para después curarse como organismo, y quizás como persona.
Acaso, en realidad, su personaje estaba ahogando a su organismo, como una serpiente estrangula a un conejillo, agotando inexorable su tiempo y su aire. Pero la sóla idea de aparcar, aunque fuera temporalmente, su identidad como símbolo de una generación, removía en él viejos fantasmas del pasado. Su infancia, el recuerdo infame de su padre, la angustia y el hastío de aquella época de su vida. De camino al hospital, en el coche, se enfrentó a su miedo invocando una última vez a Mary Jane, junto a su manager.
Esta vez el viaje era sin maletas ni compañeros. Solos él y el espejo. No sabía si estaba preparado para ver su reflejo en él por primera vez desde hacía años. Quizás no viera más que una calavera rodeada de rosas marchitas. El doctor Travis le recibió con la condescendencia habitual en estos casos. Sabía cuándo una celebridad se encontraba al borde del abismo, y eso le complacía enormemente.
- Señor Garcia, necesitaré su nombre completo, por favor.
- Jerome John C. Garcia.
- Jerome John C. Garcia -anotó cuidadosamente. ¿La "C" corresponde a, por favor?
- Craywinckel. Jerry Craywinckel Garcia.
Por Cassius Craywinckel Clay.
Acaso, en realidad, su personaje estaba ahogando a su organismo, como una serpiente estrangula a un conejillo, agotando inexorable su tiempo y su aire. Pero la sóla idea de aparcar, aunque fuera temporalmente, su identidad como símbolo de una generación, removía en él viejos fantasmas del pasado. Su infancia, el recuerdo infame de su padre, la angustia y el hastío de aquella época de su vida. De camino al hospital, en el coche, se enfrentó a su miedo invocando una última vez a Mary Jane, junto a su manager.
Esta vez el viaje era sin maletas ni compañeros. Solos él y el espejo. No sabía si estaba preparado para ver su reflejo en él por primera vez desde hacía años. Quizás no viera más que una calavera rodeada de rosas marchitas. El doctor Travis le recibió con la condescendencia habitual en estos casos. Sabía cuándo una celebridad se encontraba al borde del abismo, y eso le complacía enormemente.
- Señor Garcia, necesitaré su nombre completo, por favor.
- Jerome John C. Garcia.
- Jerome John C. Garcia -anotó cuidadosamente. ¿La "C" corresponde a, por favor?
- Craywinckel. Jerry Craywinckel Garcia.
Por Cassius Craywinckel Clay.
Richard Price
Guionista de ´The wire´y autor de ´Clockers´; publica ahora ´La vida fácil´.
Entrevista a La Vanguardia.
Bastant interessant i amb consells per escriure
http://www.lavanguardia.es/lacontra/lacontra.html
Entrevista a La Vanguardia.
Bastant interessant i amb consells per escriure
http://www.lavanguardia.es/lacontra/lacontra.html
martes, 2 de marzo de 2010
Fuera de concurso
Interesante link con normas para escribir...se trata de normas aportadas por escritores...muy chulo:
http://docs.google.com/View?id=dfskwk3w_805cxsqbcgj
Lorelei
http://docs.google.com/View?id=dfskwk3w_805cxsqbcgj
Lorelei
viernes, 26 de febrero de 2010
Mi diario (primera parte)
Hoy en el colegio el profesor de suizo Vor Hammond Forte nos ha pedido una redaccion sobre Craywinckel, no sé si lo escrivo bien. Tenemos hasta el día 15. Como no sé q poner, esperaré a que escrivan los q sacan mejores notas de la clase y copiaré algo
Anna
domingo, 21 de febrero de 2010
y el terror-ista ganador es...
Una de terror.
Malas lenguas y/o mis amigos del Mosad me han confirmado que es de Morel. Ha recibido dos votos y medio.
El resto del podio:
- Desembarco: 2 votos.
- Las supervivientes: 1 voto y medio.
- Blanco: 1 voto.
Un total de 7 votos.
El próximo ya sabéis, "Craywinckel" hasta el día 20 de marzo...
P.D.- Hay que ajustar el tema de los votos si queréis, seguimos igual o hacemos 3-2-1 como proponía Guille?
Malas lenguas y/o mis amigos del Mosad me han confirmado que es de Morel. Ha recibido dos votos y medio.
El resto del podio:
- Desembarco: 2 votos.
- Las supervivientes: 1 voto y medio.
- Blanco: 1 voto.
Un total de 7 votos.
El próximo ya sabéis, "Craywinckel" hasta el día 20 de marzo...
P.D.- Hay que ajustar el tema de los votos si queréis, seguimos igual o hacemos 3-2-1 como proponía Guille?
lunes, 15 de febrero de 2010
miércoles, 10 de febrero de 2010
Blanco
Me sacan de la máquina temblando. No puedo gritar, me cuesta respirar, lloro. Me inyectan. Me resisto. Me atan. No quiero dormirme otra vez. El dolor se ha ido y necesito pensar. Necesito pensar. No puedo. No puedo. Lo intento con todas mis fuerzas pero no puedo. Me duermo.
Me despierta el dolor. Un dolor exacto, agudo y penetrante a la altura de los riñones. Me paraliza. Cada vez es más intenso. Grito. Me muerdo con fuerza el brazo, lloro, suplico. Tengo la sensación de enloquecer. Entran y me vuelven a inyectar. Me duermo.
Me despiertan. Ya es de día y estoy confusa. Dos personas me desatan y me sacan a la fuerza de la camilla. Empiezo a recordar. Me conectan de nuevo a la máquina. Grito. El ruso se gira y me parte el labio de un puñetazo. Noto el sabor a hierro de la sangre en mi boca. Los minutos se hacen eternos. Se termina la sesión. Me levantan. El ruso me mira y me sonríe con lascivia. Me arranca la bata. Intento resistirme pero no tengo fuerzas. Me toca las tetas. Le brilla el diente de oro. Me arrastra al lavabo. Se baja los pantalones. Me revuelvo. Me golpea nuevamente con el puño. Se escupe en la mano y se manosea el miembro. Se oye la puerta. Maldice y se sube los pantalones. Me empuja dentro de la ducha y me ordena que me enjabone. Me enjabono. Estoy tiritando y no puedo parar de llorar. Pasados unos minutos me saca de la ducha de un empujón. Veo mi espalda reflejada en dos espejos. Dos enormes rajas ocupan el lugar de mis riñones. Grito. Me caigo al suelo. Tiemblo. Intento levantarme. Me vuelvo a caer. Ya no intento levantarme. La certeza de que van a extraerme más órganos me golpea el estómago como una patada. El hígado, el corazón, los pulmones, quizás las pupilas. Quizás todo. Grito con desesperación, pero nadie me oye. El ruso me levanta y me arrastra hasta la sala donde el cirujano me espera. Me tiro al suelo. El ruso me levanta. Intento patalear. No lo consigo. Grito. El cirujano me mira sin expresión mientras se pone los guantes. Ordena sus bisturís metódicamente, con calma. A sus pies una nevera de camping repleta de hielo reposa en el suelo. Vuelvo a revolverme con todas mis fuerzas. Grito. Lloro. Suplico. Vuelvo a gritar y a resistirme. Me tapan la boca con una gasa impregnada en algo. Un repentino bienestar se apodera involuntariamente de mi cuerpo. Me tumban en la camilla. Un enorme foco de luz me deslumbra. La angustia ha desaparecido. Veo la cara del cirujano, su barba cana, sus gafas. Sólo siento paz. Una paz de color blanco. Algunas voces retumban con suavidad, acunándome. Sonrío mientras un hilillo de baba se desliza lentamente por la comisura de mis labios. Recuerdo el anuncio que me trajo aquí. Total discreción. Todo se vuelve cada vez más blanco. Cirujano de prestigio atiende a particulares. Aquel anuncio. Todo es cada vez más blanco. Aumento de pecho, sólo 500 euros. Discreción. Cada vez más luminoso. Me da igual. Ya no tengo miedo. Todo es bienestar. El cirujano se acerca con el bisturí en la mano. Todo se tiñe definitivamente de blanco.
Ojos de Pekinés azul
Me despierta el dolor. Un dolor exacto, agudo y penetrante a la altura de los riñones. Me paraliza. Cada vez es más intenso. Grito. Me muerdo con fuerza el brazo, lloro, suplico. Tengo la sensación de enloquecer. Entran y me vuelven a inyectar. Me duermo.
Me despiertan. Ya es de día y estoy confusa. Dos personas me desatan y me sacan a la fuerza de la camilla. Empiezo a recordar. Me conectan de nuevo a la máquina. Grito. El ruso se gira y me parte el labio de un puñetazo. Noto el sabor a hierro de la sangre en mi boca. Los minutos se hacen eternos. Se termina la sesión. Me levantan. El ruso me mira y me sonríe con lascivia. Me arranca la bata. Intento resistirme pero no tengo fuerzas. Me toca las tetas. Le brilla el diente de oro. Me arrastra al lavabo. Se baja los pantalones. Me revuelvo. Me golpea nuevamente con el puño. Se escupe en la mano y se manosea el miembro. Se oye la puerta. Maldice y se sube los pantalones. Me empuja dentro de la ducha y me ordena que me enjabone. Me enjabono. Estoy tiritando y no puedo parar de llorar. Pasados unos minutos me saca de la ducha de un empujón. Veo mi espalda reflejada en dos espejos. Dos enormes rajas ocupan el lugar de mis riñones. Grito. Me caigo al suelo. Tiemblo. Intento levantarme. Me vuelvo a caer. Ya no intento levantarme. La certeza de que van a extraerme más órganos me golpea el estómago como una patada. El hígado, el corazón, los pulmones, quizás las pupilas. Quizás todo. Grito con desesperación, pero nadie me oye. El ruso me levanta y me arrastra hasta la sala donde el cirujano me espera. Me tiro al suelo. El ruso me levanta. Intento patalear. No lo consigo. Grito. El cirujano me mira sin expresión mientras se pone los guantes. Ordena sus bisturís metódicamente, con calma. A sus pies una nevera de camping repleta de hielo reposa en el suelo. Vuelvo a revolverme con todas mis fuerzas. Grito. Lloro. Suplico. Vuelvo a gritar y a resistirme. Me tapan la boca con una gasa impregnada en algo. Un repentino bienestar se apodera involuntariamente de mi cuerpo. Me tumban en la camilla. Un enorme foco de luz me deslumbra. La angustia ha desaparecido. Veo la cara del cirujano, su barba cana, sus gafas. Sólo siento paz. Una paz de color blanco. Algunas voces retumban con suavidad, acunándome. Sonrío mientras un hilillo de baba se desliza lentamente por la comisura de mis labios. Recuerdo el anuncio que me trajo aquí. Total discreción. Todo se vuelve cada vez más blanco. Cirujano de prestigio atiende a particulares. Aquel anuncio. Todo es cada vez más blanco. Aumento de pecho, sólo 500 euros. Discreción. Cada vez más luminoso. Me da igual. Ya no tengo miedo. Todo es bienestar. El cirujano se acerca con el bisturí en la mano. Todo se tiñe definitivamente de blanco.
Ojos de Pekinés azul
casa
Estava al replà de casa i devia fer soroll buscant les claus dins la bossa, perquè de seguida va venir la meva dona a obrir-me la porta.
Vaig saludar-la com sempre, però ella estava inmòbil, inmutable a l’altra banda del marc. Darrere seu es van sentir passes i va aparèixer l’Anna, la nostra filla. Al seu costat, anaven agafats de la mà, un home de la meva edat. El vaig mirar i em va semblar que el coneixia. “Disculpi, què vol?”, va dir-me l’home. No em van sortir les paraules. L’Anna es va girar cap a la seva mare i li va preguntar: “mama, qui és aquest senyor?”
lalala
Vaig saludar-la com sempre, però ella estava inmòbil, inmutable a l’altra banda del marc. Darrere seu es van sentir passes i va aparèixer l’Anna, la nostra filla. Al seu costat, anaven agafats de la mà, un home de la meva edat. El vaig mirar i em va semblar que el coneixia. “Disculpi, què vol?”, va dir-me l’home. No em van sortir les paraules. L’Anna es va girar cap a la seva mare i li va preguntar: “mama, qui és aquest senyor?”
lalala
miércoles, 3 de febrero de 2010
El desembarco
- Hey, un poco de silencio, hay novedades.
Algunos monstruos dejaron de beber bilis. Otros se pusieron los ojos para ver al general. Todos contuvieron el aliento a queso de la Moscarola y escucharon con atención.
- Esta noche atacaremos a todos los niños de Europa. Sed especialmente crueles con los de apariencia aria y especialmente cautos con los mayores de 13 años, escupen, insultan e incluso puede que haya alguno del Barça. Los invisibles os meteréis en cualquier rincón de las casas. Aquellos que disponéis de 10 o más brazos meteos bajo las camas. Los desfigurados, por las chimeneas y ventanas, decapitados dentro de los armarios. No quiero prisioneros. Recibiréis órdenes más específicas de vuestros comandantes. Quienes no hayáis firmado el testamento pasad por la oficina central antes de las 17.00h. Pensad en vuestras familias.
Ahora navegamos rumbo a Francia. El silencio es espantoso. No sabemos lo que nos aguarda al otro lado. O ellos, o nosotros. Solo espero no encontrarme con la niña de Rajoy.
Firmado: Rubalcaba
lunes, 1 de febrero de 2010
Un sueño cualquiera de un ciudadano cualquiera
Te vas a cagar por cabrón. Te voy a destrozar la vida hijo de la gran puta, igual que tú me la has destrozado a mi. Vas a desear no haberte cruzado conmigo en tu penosa vida de mierda. Suplicarás que no lo haga, que te perdone, que tú no querías en el fondo; pero sí que querías desgraciado.
Lo deseaste desde el primer momento que te lo ordenaron. ¡Qué guerrero!, ¿eh? No descansaré hasta verte morir so mamón. ¿Qué ostias te creías? ¿Que quedaría impune? ¡Y una mierda!
No se puede ir por la vida así, seguro que lo sabes, pero tú ni caso. Pero no todo el mundo se cruza conmigo. Diría que lo siento, pero no es verdad, voy a disfrutar como un cosaco haciéndolo. Prepárate para pasar el peor rato de tu vida.
Y pensarán que así me vengo, que así finalmente encuentro mi paz, que sin aprobar mis métodos un poco de derecho tenía.
Yo no voy a dar ningún ultimatum. No voy a hacer la pantomima de negociar con nadie. Yo te voy a arrancar los ojos con mis manos. Luego se los daré de comer al perro. Mientras sufres y gritas por tu ceguera te clavaré clavos en las uñas de las manos. Te atornillaré los dedos de los pies al suelo, con mi black&decker. Luego te arrancaré los pezones con las tenazas. Te conectaré una batería industrial a los cojones y te iré pegando descargas. Si aún resistes te meteré tu puta bandera por el culo, con el palo, claro.
Para que dejes de sufrir, si aún vives. Te abriré en canal y te echaré queroseno. Te veré arder en el infierno Slobodan, mientras respiro efluvios de cerdo quemado.
Un superviviente kosovar
Lo deseaste desde el primer momento que te lo ordenaron. ¡Qué guerrero!, ¿eh? No descansaré hasta verte morir so mamón. ¿Qué ostias te creías? ¿Que quedaría impune? ¡Y una mierda!
No se puede ir por la vida así, seguro que lo sabes, pero tú ni caso. Pero no todo el mundo se cruza conmigo. Diría que lo siento, pero no es verdad, voy a disfrutar como un cosaco haciéndolo. Prepárate para pasar el peor rato de tu vida.
Y pensarán que así me vengo, que así finalmente encuentro mi paz, que sin aprobar mis métodos un poco de derecho tenía.
Yo no voy a dar ningún ultimatum. No voy a hacer la pantomima de negociar con nadie. Yo te voy a arrancar los ojos con mis manos. Luego se los daré de comer al perro. Mientras sufres y gritas por tu ceguera te clavaré clavos en las uñas de las manos. Te atornillaré los dedos de los pies al suelo, con mi black&decker. Luego te arrancaré los pezones con las tenazas. Te conectaré una batería industrial a los cojones y te iré pegando descargas. Si aún resistes te meteré tu puta bandera por el culo, con el palo, claro.
Para que dejes de sufrir, si aún vives. Te abriré en canal y te echaré queroseno. Te veré arder en el infierno Slobodan, mientras respiro efluvios de cerdo quemado.
Un superviviente kosovar
Una de terror
Em diuen l´has de veure, és brutal. No és com les altres, és innovadora, està ben feta, t´hi cagaràs a les calces. Qui m´ho diu és de fiar, segur que no em recomanarà una xorradeta per adolescents, previsible i superficial. No, insisteix, el terror és profund, és torbador, i el pitjor (o el millor) és que continua un cop has acabat de veure-la. No pares de donar-li voltes al cap. Fa tres setmanes que l´he vist i no me la trec dels pensaments. M´estranya no haver-ne sentit parlar, estic bastant assabentat de les novetats. Fins i tot el nom de l´únic cine on la fan m´és desconegut. Al cap de dos dies la curiositat venç la meva mandra i hi vaig. El cine està a un lloc per on passo sovint. Però mai l´havia vist. Curiós. Però és cert que últimament estic despistat. No sé, potser l´han obert fa poc. No hi ha ningú a la guixeta. Entro, a veure si trobo algú. Ningú. Entro a la sala. Ningú. La pantalla s´encén. Títols de crèdit. M´assec. Es veu una sala de cinema. Una dona és la única espectadora. Mira totalment concentrada una pantalla que no veiem, està fora de quadre. Tan sols la llum, que es reflecteix a la cara d´ella. Un pla general ens descobreix un moviment furtiu tres o quatre files darrera d´ella. Una figura fosca, que sembla reptar, s´apropa lentament. La foscor de la sala no permet endevinir qui o què és l´intrús. S´aixeca. Passa una cama per sobre d´una filera de seients. Després l´altra. Ja és a dues files de distància. La dona sembla no sentir res, no és estrany, la peli que està veient té una música alta. Una filera. En un pla curt veiem dos ulls de la figura misteriosa, són vermells i brillen com rubís o llàgrimes de sang. Ara ja està darrera, gairebé a tocar, deu poder sentir l´aroma del coll de la dona. Flash, la dona té el coll obert, la seva sang esquitxa les cadires, brollant com una font. Cridaria de fàstic i d´horror, però quan ho intento descobreixo que no em sorgeix cap crit de la gola, , tan sols una remor sorda que es confón amb el so d´un esquitx. Fós a negre.
Mallory
sábado, 30 de enero de 2010
Campanas
En mi pueblo somos todos “mú burros” como se suele decir en el bar del Juancho. No hace falta que diga que ese es el centro de reuniones de las humildes gentes de la zona, el caldero y un chato es todo lo que se necesita para apreciar algo de esta vida tan perra.
Es ahí junto al calor de mis vecinos y cuando estábamos echando la partida al dominó cuando literalmente me he cagado en los calzones. Mi amigo, Tobías más de lo mismo.
“Mierda y mi campana ¿Dónde está?”- rebusqué en mis bolsillos acentuando de forma grotesca mi tic nervioso de mi mano. La encuentro y la agito.
“¿Y el cascabel? Mierda, ya está aquí. El cabrón me va a matar con sus propias manos. Estoy sudando como un cerdo antes de pasar por el matadero. He de encontrar el cascabel como sea.”
Soy el Campanas, es un mote que va pasando de unos a otros. Cuando muere el Campanas, el mote pasa a otro. Es un legado mortal. Y yo voy a morir.
Hace la friolera de 40 años en la ladera norte, ahí donde el viento azota con ahínco, vivía “el Campanas”. Qué duda cabe que en los pueblos, la tradición de lo motes es un clásico pero el mote del Campanas estaba totalmente justificado ya que el hombre siempre caminaba con una campana “de bolsillo” en la mano con un mango de madera por si las moscas.
Era un hombre afable pero pobre de ti que le tocaras la campana, el cachete en la nuca era descomunal. Nosotros siempre nos burlábamos de su campana, nos parecía ridículo que alguien hecho y derecho tuviera tal dependencia de un artilugio tan inofensivo.
¿Inofensivo? Quizás no tanto.
Un día, cuando el hombre quedó dormido al calor del brasero de Casa Juancho, mi curiosidad me dominó de forma poderosa y le birlé la campana unos segundos. Llevaba un destornillador pequeño, esos de precisión, y desmonté hábilmente el cascabel de dentro, el que emite ruido al picar contra las paredes. Dejé la campana cuidadosamente en su sitio.
A media noche, me desperté con el repicar de las campanas de la iglesia. El Campanas había muerto, de hecho lo acababan de matar de forma brutal. Su cuerpo estaba colgado de la campana grande de la iglesia, a la cual le habían quitado el cascabel y lo habían sustituido por el Campanas, el cual murió por los fuertes golpes contra las paredes de la campana.
La similitud con mi acción del día anterior me empezó a aterrar. Los vecinos empezaron a decir que llevaba una campana a modo de aviso por si su fatal destino decidía cruzarse en su vida. La gente del pueblo decía que el Campanas había hecho algo malo en su vida anterior y por eso llevaba su campana como amuleto.
Desde hace 40 años, llevo una campana que siempre ha repicado a las mil maravillas y me llaman el Campanas.
Hoy voy a morir.
Firmado: el Campanas.
Es ahí junto al calor de mis vecinos y cuando estábamos echando la partida al dominó cuando literalmente me he cagado en los calzones. Mi amigo, Tobías más de lo mismo.
“Mierda y mi campana ¿Dónde está?”- rebusqué en mis bolsillos acentuando de forma grotesca mi tic nervioso de mi mano. La encuentro y la agito.
“¿Y el cascabel? Mierda, ya está aquí. El cabrón me va a matar con sus propias manos. Estoy sudando como un cerdo antes de pasar por el matadero. He de encontrar el cascabel como sea.”
Soy el Campanas, es un mote que va pasando de unos a otros. Cuando muere el Campanas, el mote pasa a otro. Es un legado mortal. Y yo voy a morir.
Hace la friolera de 40 años en la ladera norte, ahí donde el viento azota con ahínco, vivía “el Campanas”. Qué duda cabe que en los pueblos, la tradición de lo motes es un clásico pero el mote del Campanas estaba totalmente justificado ya que el hombre siempre caminaba con una campana “de bolsillo” en la mano con un mango de madera por si las moscas.
Era un hombre afable pero pobre de ti que le tocaras la campana, el cachete en la nuca era descomunal. Nosotros siempre nos burlábamos de su campana, nos parecía ridículo que alguien hecho y derecho tuviera tal dependencia de un artilugio tan inofensivo.
¿Inofensivo? Quizás no tanto.
Un día, cuando el hombre quedó dormido al calor del brasero de Casa Juancho, mi curiosidad me dominó de forma poderosa y le birlé la campana unos segundos. Llevaba un destornillador pequeño, esos de precisión, y desmonté hábilmente el cascabel de dentro, el que emite ruido al picar contra las paredes. Dejé la campana cuidadosamente en su sitio.
A media noche, me desperté con el repicar de las campanas de la iglesia. El Campanas había muerto, de hecho lo acababan de matar de forma brutal. Su cuerpo estaba colgado de la campana grande de la iglesia, a la cual le habían quitado el cascabel y lo habían sustituido por el Campanas, el cual murió por los fuertes golpes contra las paredes de la campana.
La similitud con mi acción del día anterior me empezó a aterrar. Los vecinos empezaron a decir que llevaba una campana a modo de aviso por si su fatal destino decidía cruzarse en su vida. La gente del pueblo decía que el Campanas había hecho algo malo en su vida anterior y por eso llevaba su campana como amuleto.
Desde hace 40 años, llevo una campana que siempre ha repicado a las mil maravillas y me llaman el Campanas.
Hoy voy a morir.
Firmado: el Campanas.
viernes, 29 de enero de 2010
Las supervivientes
Desde el día del resplandor nada había sido igual. Nos quedamos encerrados en casa sin poder salir, casi a oscuras, las ventanas tapadas, y oliendo a humedad. Alguien dijo que el aire podía estar contaminado. Mis padres no decían nada, se habían quedado callados, aunque a veces se les oía toser, o como si estuvieran haciendo gárgaras con tomate triturado, o con puré de patatas. Mi hermana y yo nos mirábamos en silencio, en aquellos días de primavera, que suponíamos soleados, pero que eran tan sordos, tan pesados, que dolían. Era como si un zumbido de silencio rasgara el ambiente. Y un olor a sustancia fría y metálica se colaba por las paredes de casa. También lo recuerdo.
En aquel momento estábamos jugando, después de la escuela. Los juguetes permanecían donde siempre, en el rincón, y en los días que llevábamos encerrados en casa ya se habían cubierto de polvo blanquecino. No los volvimos a tocar. Ni siquiera sabíamos cómo, porque aunque hubiésemos querido jugar, no habríamos podido. A duras penas podíamos mover un solo miembro. Sentados en el suelo nos habíamos quedado, y así seguíamos, en silencio y quietos. Pesados, fríos y metálicos.
Entonces escuchamos ese sonido repugnante. Al principio fue una, que venía del salón, dubitativa. Allí estaban mis padres, pero seguían en silencio. Luego fueron dos, siguilosas, crepitando por el suelo. Luego algunas más, decenas de cucarachas inundaron la habitación, correteando por todas partes, subiendo por las paredes. Tenían las antenas rojas y largas, y las agitaban nerviosamente. En un intento desesperado por salir de alli, con una angustia desconocida y primigenia, cogí a mi hermana por el brazo, los músculos tensionados, nos pusimos en pie tambaleándonos, y corrimos hasta el salón. Mi padre yacía sentado en el sillón, con la boca muy abierta y las cuencas de los ojos vacías, oscuras. Tres o cuatro cucarachas se asomaron por sus ojos y su boca, y se deslizaron por el cuerpo de mi padre como si fuera un mueble o un muñeco. Mi madre también yacía salpicada por alguna cucaracha, en los brazos y entre las axilas, examinando con curiosidad científica el cuerpo inerte.
Preso de un escalofrío profundo, sólo obedecía a un instinto de supervivencia más allá de la náusea que me producía esta escena febril. Acerté a abrir una ventana. Ante nosotros se extendía la ciudad entera cubierta de polvo y cenizas, abandonada. Al fondo, noté que la central tenía una forma extraña, rota y humeante. Algunos coches habían quedado en medio de la calle, con las puertas abiertas y de cualquier manera. No se veían personas, ni se oían ladridos ni más sonidos. Mi hermana y yo nos miramos con una mueca de horror y desolación a través de las máscaras que descubrimos puestas sobre nosotros.
Entonces el zumbido se hizo claro. Inundaba todo el horizonte, y nos acompañaría todos los días desde entonces.Estábamos condenados a un nuevo mundo, y en él ya no éramos el último eslabón de la cadena.
Agustín Malasombra
En aquel momento estábamos jugando, después de la escuela. Los juguetes permanecían donde siempre, en el rincón, y en los días que llevábamos encerrados en casa ya se habían cubierto de polvo blanquecino. No los volvimos a tocar. Ni siquiera sabíamos cómo, porque aunque hubiésemos querido jugar, no habríamos podido. A duras penas podíamos mover un solo miembro. Sentados en el suelo nos habíamos quedado, y así seguíamos, en silencio y quietos. Pesados, fríos y metálicos.
Entonces escuchamos ese sonido repugnante. Al principio fue una, que venía del salón, dubitativa. Allí estaban mis padres, pero seguían en silencio. Luego fueron dos, siguilosas, crepitando por el suelo. Luego algunas más, decenas de cucarachas inundaron la habitación, correteando por todas partes, subiendo por las paredes. Tenían las antenas rojas y largas, y las agitaban nerviosamente. En un intento desesperado por salir de alli, con una angustia desconocida y primigenia, cogí a mi hermana por el brazo, los músculos tensionados, nos pusimos en pie tambaleándonos, y corrimos hasta el salón. Mi padre yacía sentado en el sillón, con la boca muy abierta y las cuencas de los ojos vacías, oscuras. Tres o cuatro cucarachas se asomaron por sus ojos y su boca, y se deslizaron por el cuerpo de mi padre como si fuera un mueble o un muñeco. Mi madre también yacía salpicada por alguna cucaracha, en los brazos y entre las axilas, examinando con curiosidad científica el cuerpo inerte.
Preso de un escalofrío profundo, sólo obedecía a un instinto de supervivencia más allá de la náusea que me producía esta escena febril. Acerté a abrir una ventana. Ante nosotros se extendía la ciudad entera cubierta de polvo y cenizas, abandonada. Al fondo, noté que la central tenía una forma extraña, rota y humeante. Algunos coches habían quedado en medio de la calle, con las puertas abiertas y de cualquier manera. No se veían personas, ni se oían ladridos ni más sonidos. Mi hermana y yo nos miramos con una mueca de horror y desolación a través de las máscaras que descubrimos puestas sobre nosotros.
Entonces el zumbido se hizo claro. Inundaba todo el horizonte, y nos acompañaría todos los días desde entonces.Estábamos condenados a un nuevo mundo, y en él ya no éramos el último eslabón de la cadena.
Agustín Malasombra
miércoles, 27 de enero de 2010
Amanecer
No había tiempo para esperar al ascensor. Empecé a subir las escaleras, corriendo y cargando con todo el peso de la angustia y la desesperación. Los recuerdos de tantos años pasaban a toda velocidad, como escalones abandonados, cada uno representando una época pasada en la que siempre temí que llegara este momento, la más terrible de las soledades persiguiéndome y tratando de agarrarme con sus brazos desnudos.
Abrí la puerta del rellano con la respiración agitada, con gran premura pero con sigilo, tratando inútilmente de no despertar a los viejos fantasmas. Recorrer el pasillo se antojaba una aventura espantosa, el enfrentamiento a un destino cruel e ineludible que aguardaba en la oscuridad, poética y cercana. Ocurrirá de todas maneras, aunque mires hacia otro lado.
Di un paso al frente mientras las sombras se convertían en poderosos espíritus malignos capaces de arrastrarme al otro lado. Traté inútilmente de esquivarlas hasta alcanzar agotado la última puerta. Un leve gemido infantil se escurrió de mi boca antes de contener el aliento.
Cerré los ojos un instante.
Al despertar, oculté mi rostro con las manos y lentamente recobré el pulso.
Todavía estaba allí.
Firmado: tu rostro.
Abrí la puerta del rellano con la respiración agitada, con gran premura pero con sigilo, tratando inútilmente de no despertar a los viejos fantasmas. Recorrer el pasillo se antojaba una aventura espantosa, el enfrentamiento a un destino cruel e ineludible que aguardaba en la oscuridad, poética y cercana. Ocurrirá de todas maneras, aunque mires hacia otro lado.
Di un paso al frente mientras las sombras se convertían en poderosos espíritus malignos capaces de arrastrarme al otro lado. Traté inútilmente de esquivarlas hasta alcanzar agotado la última puerta. Un leve gemido infantil se escurrió de mi boca antes de contener el aliento.
Cerré los ojos un instante.
Al despertar, oculté mi rostro con las manos y lentamente recobré el pulso.
Todavía estaba allí.
Firmado: tu rostro.
martes, 19 de enero de 2010
un antes y un después...
El concurso de cuentos de navidad ha sido un éxito de público (más de 10 cuentos) y de crítica (Màrius Serra nos ha citado como un ejemplo a seguir, David Trueba confiesa que somos dignos "sucesores" de su brillante "4 amigos").
Morel ha pedido que escriba post con el podio. De hecho, no hay podio. El primer premio ha recaído en "Tren de juguete" con tres votos (escrito por un servidor) y luego hay seis cuentos con un voto cada uno (ver detalle en comentarios de anterior post).
La vida sigue y como es enero, qué mejor que un relato de "miedo", para compensar las ñoñerías de navidad!
Reglas: las mismas que en el anterior.
Fecha límite: 15 de febrero.
Morel ha pedido que escriba post con el podio. De hecho, no hay podio. El primer premio ha recaído en "Tren de juguete" con tres votos (escrito por un servidor) y luego hay seis cuentos con un voto cada uno (ver detalle en comentarios de anterior post).
La vida sigue y como es enero, qué mejor que un relato de "miedo", para compensar las ñoñerías de navidad!
Reglas: las mismas que en el anterior.
Fecha límite: 15 de febrero.
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