miércoles, 3 de marzo de 2010

La flor de Hans Craywinckel

Hans Craywinckel nació con una flor en el culo. No estamos hablando de que Hans Craywinckel tuviera mucha suerte, ni de que Hans Craywinckel naciera con una amapola brotándole con timidez o porqué no, con descaro, del esfínter anal. No, la cosa es más sencilla: Hans Craywinckel nació con una mancha en forma de margarita estampada en las nalgas. Al verlo, Hans Mc Queen, Hans Mc Jrondemor y Hans Mc Denauer, los tres posibles padres de la criatura, fueron a pedirle cuentas a Hanna Mc Wilkinson, madre de Hans Craywinckel. "¡A ver si este niño va a ser de Hans Mc Morrison!", dijo Hans Mc Queen indignado, y fue secundado por Hans Mc Jrondemor y por Hans Mc Denauer. Lo cierto es que motivos para desconfiar no les faltaban. Hans Mc Jefferson se había encargado de difundir sin que le temblara la voz, que Hans Mc Morrison (vecino de otra comuna), tenía una mariposa de iguales o muy similares características adornándole la espalda.

Si cabía posibilidad alguna de que Hans Craywinckel fuera hijo de Hans Mc Morrison, eso es algo que Hanna Mc Wilkinson se llevó a la tumba. Pocos días después del nacimiento de Hans Craywinckel, Hanna Mc Wilkinson interpretó (a causa de un mal viaje), que el río era una plancha y ella un pincho moruno, y pereció ahogada.
Fue entonces cuando Hans Mc Queen, Hans Mc Jrondemor y Hans Mc Denauer olvidaron sus resquemores y se hicieron cargo de la crianza de Hans Craywinckel. Observaron sorprendidos y embelesados (a la vez que orgullosos), cómo los pétalos del pequeño Hans Craywinckel cambiaban de tonalidad en función de su estado de ánimo o de salud. Un tono rojizo significaba enfado, uno amarillo gases, uno marrón heces, y así hasta completar la tabla cromática, y hasta que Hans Craywinckel comenzó a hablar.

Por motivos de comodidad, Hans Craywinckel creció desnudo. Y como es natural, su flor se fue desarrollando y expandiendo, transformándose de una pequeña margarita similar a una flor de manzanilla, a un enorme girasol que exhibía con orgullo a los 25 años. Fue a esa edad cuando descubrió de forma causal que con su flor podía predecir el futuro. La cosa sucedió más o menos así: estaba Hans Craywinckel arrodillado buscando un pedazo de chocolate que se le había caído, cuando Hanna Mc Guggenheim se le acercó por detrás. “¿Crees que lloverá hoy?”, le preguntó por preguntar, buscando entablar conversación. Hans Craywinckel, obcecado como estaba en encontrar su chocolate, no escuchó la pregunta formulada por Hanna Mc Guggenheim. No así su flor, que no se limitó tan solo a escucharla, sino que además la respondió. El habitual tono blanco de sus pétalos se tornó durante un par de segundos en uno verde y brillante. Incrédula, Hanna Mc Guggenheim repitió “¿Crees que lloverá hoy?”. Y la flor, sin dudarlo un segundo, respondió de la misma forma. Hanna Mc Guggenheim, entre sorprendida y admirada, formuló entonces una nueva pregunta. “¿Van a cazar algo hoy Hans Mc Jefferson, Hans Mc Flurry y Hans Mc Thomas,?”. La flor respondió tiñéndose de rojo. “¿Va a encontrar lo que busca Hans Craywinckel?”, siguió preguntando emocionada Hanna Mc Guggenheim. Y la flor repitió el último color, el rojo.
Aquella tarde, Hans Mc Jefferson, Hans Mc Flurry y Hans Mc Thomas volvieron a la comuna empapados por una inesperada lluvia torrencial y sin un triste ñu que llevarse a la boca. Hans Craywinckel se quedó sin fumar.

La noticia corrió como la pólvora. En poco tiempo la flor de Hans Craywinckel fue conocida en todos los estados del país. Hans Craywinckel se fabricó unas rodilleras con dos cocos, y se dispuso a atender a las cientos de personas que procedentes de los lugares más peregrinos, a diario se presentaban en la comuna para conocer qué les deparaba el futuro. A cambio de un oso hormiguero, un mapache, un ñu o cualquier otro tipo de vianda, la flor de Hans Craywinckel decía si sí o si no. O rojo o verde. Un sistema de adivinación limitado, es cierto, pero menos es nada.

La comuna se convirtió a partir de ese momento en la más rica del país. Tantas eran las consultas, que para no perder el tiempo Hans Craywinckel se acostumbró a dormir arrodillado. Comía arrodillado, se reproducía arrodillado, fumaba arrodillado, lloraba arrodillado y su única distracción era contar hormigas y hacer bolitas con las cacas de los perros, que por algún extraño motivo, abundaban a su alrededor. Si Hans Craywinckel pensó en algún momento que su vida era una mierda, eso es algo que no vamos a desvelar aquí.
Lo que sí vamos a decir es que un día, Hans Mc Queen, Hans Mc Jrondemor y Hans Mc Denauer, los padres de Hans Craywinckel se pusieron a la cola, y sin que se sepa porqué, formularon una pregunta dañina, perniciosa, funesta, destructiva. Una pregunta que les llevaría a tocar el infierno con las yemas de los dedos, y que jamás deberían haber siquiera pensado en formular. “¿Somos nosotros tus verdaderos padres?”. Tras medio segundo de tensa espera, la flor se tiñó de color sangre.
Aquella noche los padres de Hans Craywinckel se cogieron de las manos y atados a varias piedras se tiraron al río, donde fueron devorados por las alimañas acuáticas.
Hans Craywinckel murió de la pena, arrodillado. No obstante, su flor siguió funcionando, así que le enterraron con los glúteos a la vista. Aún hoy, cientos de personas peregrinan hacia la comuna de Hans Craywinckel con objeto de conocer qué les deparará la vida. Ésta sigue siendo la región más rica del país.

La moraleja de toda esta bonita historia basada en hechos reales, (por si alguien con algún tipo de problema o retraso aun no la ha pillado), es que a veces es preferible nacer sin una flor en el culo.


Hans Mc Wayne

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