lunes, 29 de marzo de 2010

Palabras

Entró en la cocina dispuesta a comerse sus palabras. Abrió el armario y rebuscó entre las latas de aceitunas rellenas, berberechos y pulpitos en su tinta, hasta dar con la que estaba buscando: una lata de palabras en escabeche.
Se sentó con tranquilidad en la mesa, abrió la lata y con un tenedor de postre sacó la primera: cunnilingus. ¡Qué suerte! Una de sus favoritas. Agarró la palabra por una punta y se la llevó a la boca. Mientras masticaba se le fue acelerando el corazón, su repiración empezó a agitarse, se le escaparon algunos gemidos, y cuando mejor estaba, se la tragó sin querer, quedándose completamente insatisfecha. Rebuscó en la lata por si había alguna más, pero esos cabrones ponían siempre muy pocas palabras de las buenas en las latas, para vender más, suponía. Así que se conformó y sacó con el tenedor la segunda palabra: Gonorrea. Con la palabra Gonorrea le pasaba como con las ostras, que mientras se las comía las disfrutaba, pero horas después siempre se arrepentía de habérselas comido. Así que dejó Gonorrea a un lado y sacó otra palabra: Alubia. Una palabra de las baratas y de relleno, que además le producía gases. Pero como tenía hambre no quiso ponerse exquisita y se la comió.
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