Existe en la zona alta de Barcelona una calle que tendría que pasar sin pena ni gloria. No es bonita ni fea. Es corta, no hay nada destacable para bien o para mal. Pero debido a sus comercios (por no apuntar a uno sólo...) y sobretodo a la jeta de las piji-mamás-Clase A/Smart/Cayenne -que no se cortan ni un pelo en aparcar en doble fila- es una calle intransitable. Pilla de paso para ir a buscar la Ronda de Dalt (salida 6), hay una gasolinera en la esquina con República Argentina. Para que alargarse... si un día soy alcalde, la tiraré al suelo entera y la volveré a construir; o no. La dejaré en plan Kosovo, que mola más, ¡que se jodan!
Una vez he dejado clara mi opinión sobre la callecita de los cojones y he dejado más ADN en las frases preliminares que en el capuchón de un profiláctico, prosigo con mi relato.
Hay una leyenda urbana que atribuye el protagonismo de la calle Craywinckel a Ferdinand Manuel Martín Louis Barthélemy de Craywinckel. ¡¡¡Noooooooooooooooooooo!!!! Ferdi, nació en Madrid en 1820 y la palmó en el 88. Pupilo de un tal Bellon en Burdeos, destacó por componer música sacra de alto calibre (¿alto calibre?).
Con este currículum podría tranquilamente tener una calle en Barcelona, o en Santa Agnès de Malanyanes, o en el centro de Picamoixons o a las afueras de Bell-lloc d'Urgell. Pero no.
Tal y como se puede rastrear en el "Catàleg de la sèrie de llicències d'obres particulars del fons documental de l'antic ajuntament de Sant Gervasi de Cassoles. (1843-1897)". Es Manuel y no Ferdinand quien da nombre a la calle.
Vale, perfecto, ¿y?
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martes, 9 de marzo de 2010
¿Qué Ferdinand, ni ocho cuartos? ¡Manuel!
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