Al bueno de Craywinckel no le conoce ni Dios. Has de ser cutre para no tener ni tres líneas contadas en wikipedia. Esto va así: si quieres saber cuánto te quieren, mira el número de amigos de facebook; si quieres conocer tu índice de inmortalidad, cuenta tus líneas de wikipedia.
Pues el puto Craywinckel tiene una y media. Y, sin embargo, le han puesto una calle en Barcelona. Esta ciudad es muy progre, muy cool, muy in, muy creativa, muy innovadora y muy fantástica universal, como todos sabemos. Y es tan chachi guachi que le ponemos calles a Craywinckel porque su legado fue incontestable. ¿Y cuál fue su legado, si no lo sabe ni Mr Google? ¿La tenía gigantesca? O quizá era su hijo quien la tenía enorme, y consiguió con los favores de su desproporcionado miembro viril que se honrara a su padre como merecía, ya que fueron sus genes les dotaron de semejante Torre Agbar. En realidad la construcción de Zap sana debía llamarse Craywinckel's, pero el nombre estaba pillado, algún listo que se metió aquella monstruosidad hasta el esófago y juró inmortalizar el sabor a calzoncillo de tres días.
Porque veamos, ¿quién decide los nombres de las calles? ¿Roger Conill? Quizá el Roger Conill que se dedica a tan honorable labor profesional no había cobrado aquel mes, y pensó "ahora os vais a joder, a esta calle le meto 'Craywinckel' y a cascarla".
Es un misterio digno de Carvalho. Lástima que Pepe no esté en nosotros. En su lugar, siempre nos quedará, mira por dónde, Craywinckel. Ahora no puedo evitarlo, cuando veo un paquetazo nadando en la piscina pienso en Craywinckel, cuando me aburro me rasco mis craywinckels, cuando la saco de un trasero cualquiera lavo cuidadosamente mi craywinckel, cuando ligo me acerco a lo que sea y con un movimiento de pelvis suelto "te presento a Craywinckel".
En cualquier caso, alguien engañó a Roger Conill.
Ojalá hubiera sido yo.
Rocco
martes, 9 de marzo de 2010
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