Lo siento, pero en esta edición me he colado...no he podido escribir.
Además creo que lo liamos demasiado y la mayoría no entendió (fallo mío) el mecanismo...
Así pues propongo un nuevo concurso...
Temática libre, todo libre.
Fecha límite: 20 de mayo.
P.d.- qué os parece?
lunes, 26 de abril de 2010
martes, 20 de abril de 2010
Una historia
Entonces oyó un ruido en el pasillo. Pensó que sería él, que aún no se habría ido. Pero no.
De repente irrumpió en la cocina aquel individuo mostrenco. Su cuerpo de cetáceo en la puerta, hizo que de repente la estancia pareciera minúscula. De la chaqueta sacó una pistola y se acercó el cañón a los labios haciendo un gesto para que no gritara.
Señaló la silla invitándola a sentarse. La estaba apuntando. Sintíó un retortijón de angustia.
Le dio una pluma y un papel arrugado y le dijo al oído: “escribirás una historia y en ella tendrás que utilizar estas tres palabras:…”
De repente irrumpió en la cocina aquel individuo mostrenco. Su cuerpo de cetáceo en la puerta, hizo que de repente la estancia pareciera minúscula. De la chaqueta sacó una pistola y se acercó el cañón a los labios haciendo un gesto para que no gritara.
Señaló la silla invitándola a sentarse. La estaba apuntando. Sintíó un retortijón de angustia.
Le dio una pluma y un papel arrugado y le dijo al oído: “escribirás una historia y en ella tendrás que utilizar estas tres palabras:…”
martes, 6 de abril de 2010
Cachicalegudo
Sólo cuando él se fue, cayó en la cuenta. Dejó el cigarro a medias y corrió a mirar el calendario magnético que escalaba la nevera. Era 15 de febrero, San Valentín. Ella, que siempre había despreciado esa fecha, ella que siempre se rió del sentimentalismo cursi, ya lo estaba echando de menos. A su pollón también, de acuerdo, y a sus nalgas duras y a su pecho liso y depilado, pero a él, a él, a sus ojos y su sonrisa y su olor a café Arpegio de cápsula azul, o ¿ese era el Volluto?. Un dolor agudo recorrió su muslo derecho, ahí dónde el fakir de Madagascar le había dicho que yacía su espíritu. Le había rozado la frente con una piel de serpiente, le había tocado las tetas sin sostén bajo camisa khaki de exploradora-turista y le había dado un cachivache, mezcla de cubo rubik y símbolo fálico. Ella nunca se atrevió a preguntar para qué servía, aunque lo sospechaba, y de hecho lo había utilizado, tras darle una forma adecuada, sin aristas, más de una y más de dos noches solitarias de viernes.
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